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TOXICO

27 Mar 15 - 17:41







Por Roberto Sosa
 

En  Vancouver, Canadá,  un hombre inmigrante con una bolsa y actitud sospechosa se acercó al conductor; los 19 pasajeros aseguraron que fueron víctimas de un ataque terrorista con algún tipo de sustancia química. Las investigaciones concluyeron que se trató de una paranoia y sugestión masiva que influyó de forma negativa en la vida de estas personas. Sucedió en 2004.

 
A partir de este acontecimiento Greg MacArthur escribe Tóxico. Un relato que plantea la complejidad que vive una familia, después de que la madre sufre una aparente agresión en el transporte público. Detrás del supuesto ataque, su vida y la de su familia se ve trastocada, los arrastra al límite. Su aparente “enfermedad” pone en juicio los valores de quienes la rodean.

Hoy en las grandes urbes, la gente vive con la alucinación de ser violentados en cualquier momento y lugar; vivir seguros y tranquilos es una utopía. Hoy la inseguridad es un elemento presente en nuestra cotidianeidad, con esto se altera nuestro comportamiento y forma de ser. La vida es un don preciado que arriesgamos perder al poner un pie fuera de casa.

Esto fue lo que sucedió a Elena (Gabriela Murray), su estabilidad emocional se hunde después de una supuesta agresión en el autobús en el que viajaba. Su “enfermedad” la obliga a recluirse primero en un hospital, y después se rehúsa a salir de su domicilio. Todo su entorno la irrita, se transforma en un ente tóxico, lo contamina todo, inclusive a los  miembros de su familia.

Para contar la historia, el diseño de escenografía (Auda Caraza y Atenea Chávez) es con  una mesa al centro del escenario, lugar en donde la familia se reúne a comer, dialogar y discernir. La mesa en un hogar es el centro, el eje por donde se mueven y se afianzan las emociones de una familia. Aquí la mesa está llena de productos tóxicos; se ve revuelta con productos industrializados, en medio de este disturbio, un pequeño árbol, un bonsái aporta un poco de naturaleza orgánica.

Actúan –además de Gaby Murray- Víctor Huggo Martín, Ana González Bello, Andrés Torres Orozco y María Gelia Crespo, un grupo de buenos intérpretes, es gente con experiencia en  teatro, que conoce el oficio; el nivel actoral es homogéneo y aceptable, cada quien aporta su talento a favor de la obra.

Tóxico la dirige Hugo Arrevillaga, un creador que prescinde las grandes escenografías, su trabajo se centra en el texto y el intérprete; enfoca su labor en la dramaturgia y cómo desarrollarla para transmitir emociones hacia el espectador. Una tarea que parte de una visión propia de ver y hacer teatro. En Tóxico queda esto plasmado.

 
  

Sin embrago –en mi opinión- en esta obra no hay un buen planteamiento, de pronto todo está sobre y alrededor de una mesa y esto me parece que limita el desarrollo de la dramaturgia, lo veo un tanto congestionado. Rompe un poco cuando mueve a sus personajes por los espacios que deja en cada extremo del escenario.

Cabe destacar el excelente trabajo de Humberto Pérez Mortera en la traducción del texto. Sin perder la esencia del mismo, traslada toda la fuerza dramática a un entorno y contexto con el que nos identificamos los que hablamos castellano. En la traslación de un idioma a otro, Humberto no pierde la índole, la naturaleza y personalidad del texto.

Tóxico se presenta en el Foro Lucerna del 6 de marzo al 24 de mayo.
 
 
 
  
 
 
 
 

 

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