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TENGO QUE MORIR TODAS LAS NOCHES

05 Feb 15 - 21:49

Tengo que morir todas las noches.
De Guillermo Osorno.
Por: Salvador Perches Galván.
 
EL AUTOR: Guillermo Osorno estudia Relaciones Internacionales en El Colegio de México y renuncia a una cómoda, pero aburrida, en sus propias palabras, vida diplomática: “mejor pongo pies en polvorosa y me dedico al periodismo que es lo que me gusta”.

Estudió en la Universidad de Cambridge y en la Universidad de Columbia lo que le permitió dar “volantazo” a su vida y comenzar una carrera como periodista de regreso a la Ciudad de México en 1997. Publica dos columnas semanales sobre temas urbanos en los diarios El Universal y máspormás y conduce el programa de radio Crónicas de la Ciudad,  que se transmite de lunes a viernes por MVS.

Fue director de Gatopardo ocho años, pero estuvo 14 años involucrado con la revista y además funda la editorial que terminó editando la revista. Tengo que morir todas las noches es su primer libro, y representa un cambio, un giro en su carrera y manifiesta su interés por seguir escribiendo y convertirse en autor, es el primer lance pero tiene otros proyectos editoriales en el camino.


 


LA OBRA: Una crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay, entre otras cosas es el relato emprendido por Guillermo Osorno en su libro, que cuenta con una profusa investigación y cuyo telón de fondo son el bar El 9 y su copropietario Henri Donaddieu.
 
Guillermo Osorno ¿Por qué Tengo que morir todas las noches?
El título hace alusión a una entrevista que tuve con Henri  Donnadieu, que es el eje central del libro y Henri y decía que tenía que morir todas las noches para renacer al día siguiente. Henri es el protagonista, dueño del bar llamado El 9, que estuvo en la calle de Londres y se convirtió  a final de los 80 en la caldera en donde, por decirlo así, se cuece la posmodernidad en México.
 
El libro de amena lectura, tiene una estructura aristotélica.
Está estructurado como si fuera ficción, en el sentido de que tiene un personaje central, tiene un principio en donde se establecen los elementos de la historia, un medio que es donde se desenvuelvan los conflictos y un final, en este caso trágico para los personajes involucrados, pero heroico para las ideas que representaban, porque muchas de las ideas que se gestaron ahí, aunque materialmente fracasaron porque el bar cerro y luego se fueron contra las otras propiedades del grupo, las ideas triunfaron ahí y también en otros bares y en otros sitios, pues en el 2014 la ciudad es más rica, más cosmopolita, más abierta, es una ciudad más plural también.
 
El 9 sería como el equivalente al Studio 54 de Nueva York, porque no solo era el lugar gay de moda, del reventón y de ligue, lo rebasaba en mucho.
Es interesante que lo menciones, porque los bares en general, en la historia del siglo XX han desempeñado un papel cultural. Casi todas las vanguardias artísticas tenían un bar en donde se reunían o se expresaban, en donde se estaban desarrollando y El 9 fue la expresión de eso en la Ciudad de México.
 
¿Que tanto El 9 forma parte de tu vida?.
En un momento de mi vida joven, la entrada al bar en realidad es la entrada a un mundo que yo pensé que no existía en el país, o que estaba vedado y que nunca lo iba a ver. Pero gran sorpresa cuando pude entrar al 9, esa misma noche puede acceder a relaciones, amigos, amantes, a muchísimas cosas que constituyeron la persona que hoy soy. Hay algo de Henri que me interesa mucho personalmente porque se parece a mí, no sé cómo explicarlo y eso también hizo que la escritura del libro fuera relativamente fácil.
 
En el prólogo y el epílogo, el personaje eres tú.
En el arranque del libro me atreví, me convencí de que debía de hablar de mi salida del clóset, para que el lector se colocará en los zapatos de alguien de 18, 19 años en la Ciudad de México en 1981 y mirara a su alrededor y viera cuáles eran sus opciones, y las opciones eran  bastante rudas. 1981 para un niño, para un adolescente, para un joven católico, el panorama era la condenación eterna, porque eso es lo que indica la iglesia, o la condenación terrena, que es lo que indicaba la moral pública y no había mucho para donde moverse, excepto por este pequeño reducto que estaba en este bar, por esa gente que estaba hecha de otra cosa. No era vergonzante, era un espacio bien iluminado de la ciudad, era un bar que estaba no en los márgenes, ni escondido, era un bar que estaba en la Zona Rosa que en ese momento era un lugar muy Importante para la configuración del entretenimiento citadino.

El 9 como que resolvía a ese muchacho y a muchos muchachos como yo, muchas preguntas que en realidad son preguntas muy vitales de como estar en el mundo, en el fondo eso es lo importante del bar. Y otra cosa que, a lo mejor hoy no se entiende pero era muy importante en los 80 es que: una, no había Internet y los bares, si me permites hacer la analogía, funcionaban como las redes sociales. Es decir, era un lugar de intercambio de ideas, de imágenes, de sonidos, no solamente era un lugar de tragos,  copas y música, eran también verdaderos centros sociales, verdaderas redes sociales, donde se hacían y se deshacían amistades y donde se hacían y deshacían vínculos afectivos, no solamente amorosos, sino también fraternos y por eso los bares ocupan también ese lugar tan importante en la conformación de la educación sentimental, por llamarla de alguna manera, de los jóvenes en la época.

Ya no hay lugares como El 9 en el sentido de que también el país evolucionó y la sociedad mexicano evoluciono y se diversificó y cada quien regresó a su gueto. Una de las cosas importantes del 9 era que abrió el gueto gay y eso permitió y obligo a los otros guetos, a las escenas alternativas del rock, del punk que también se tuvieran que abrir y todos convivir en este mismo sitio. Ya eso es más difícil pero pues también hoy ya no tenemos que soportar a López Portillo, ni la nacionalización bancaria, ni las devaluaciones, ni nada, es una cosa por otra, hoy es una ciudad más libre.
 
Tengo serias dudas de que el protagonista del libro sea Henri, o El 9, tiene muchas voces, ¿quién es realmente el protagonista de Tengo que morir…?
Al final yo creo que el protagonista es mi generación. Cuando estaba escribiendo el libro pensaba que, sí lo que estaba haciendo era un retrato generacional, tenía que leer a Ortega y Gasset, quien en la tradición de lengua española, ha reflexionado sobre cómo historiar las generaciones, y decía que el historiador tiene que preguntarse cuál es la misión de una generación, el piensa que las generaciones tienen una misión histórica y que descubrir cuál es esa misión es la labor del historiador y por eso se pueden construir las grandes narraciones de las generaciones. Entonces yo pensaba ¿cuál es la misión de mi generación?,¿ qué es lo que estábamos haciendo en los 80?, y creo que la respuesta es que estábamos tratando de globalizar la cultura, nos sentíamos en un país en crisis, en un país agotado, hay que recordar que los 80 son la década de las grandes crisis económicas, de una de las grandes crisis del PRI y del nacimiento de la democracia. Nos sentíamos como en un modelo agotado, pobres, en medio de una inflación terrible y culturalmente ajenos al resto del mundo, entonces creo que la labor generacional fue conectarnos, conectarnos, conectarnos, no dejar que esa realidad nos aplastará, sino conectarnos con el resto y no es casual que de la escena del 9 haya surgido, por ejemplo, Café Tacuba, que con un sonido de rock que tiene serias raíces mexicanas se internacionalizó y conectó con todo el mundo, por poner uno de los varios ejemplos de las escenas culturales que estaban sucediendo ahí en El 9.




 
¿Qué te deja el libro?, ¿cuánto tiempo le invertiste?.
El libro me llevó 10 años. Tenía el material pero no sabía cómo tejerlo hasta que me di cuenta que podía hacer un retrato generacional, un pequeño homenaje a la Ciudad de México, hacer crónica, hacer periodismo en general y hacer un intento de narrativa.

El libro está lleno de personajes de la época, el índice onomástico ocupa varias páginas en el libro, pero un efecto que me gusta del libro es que las personas piensen que es su propia biografía, aunque no aparezcan en las páginas. En dos o tres entrevistas en donde el conductor en cuestión, en particular me acuerdo de Jairo Calixto Albarrán, de Charros contra gángsters, decía en público: “Es que este libro es como mi autobiografía”, no en el sentido estricto porque él no aparece, pero si en sentido figurado y general porque aparece la generación.

El libro me ha dejado una enorme satisfacción, me ha sorprendido agradablemente el éxito que ha tenido, pienso que parte de este éxito tiene que ver con este asunto coral porque es un libro hecho con muchas entrevistas e involucra mucha gente, pero también porque conecta, es como un rompecabezas que faltaba y que embona bien y que mucha gente necesitaba releer esa historia, que son los lectores de mi generación. Pero muchísimo más importante es que los lectores jóvenes colocan también esa pieza y se explican cómo es la ciudad hoy, por qué tiene estas libertares hoy, por qué hay conciertos un día sí y otro día también, por que los bares son hoy como son, etcétera. Entonces esta otra parte de los lectores me interesa muchísimo y creo que en esa generación está pegando bien el libro.

El libro también tiene una gracia que es, tiene una distancia cómoda porque no es ni el pasado remotísimo en donde no lo viví, me cuesta más trabajo entenderlo. Es un pasado relativamente cercano, pero ha pasado suficiente tiempo como para poder sentarte a pensar ¿esto qué significaba?, o sea, ya tenemos la suficiente perspectiva como para ver adonde desembocó el tema, esta distancia de unos 20 - 30 años de algunos acontecimientos con respecto al día de hoy, te hacen moverte cómodamente de atrás para adelante, yo creo que por eso crea este efecto. Finalmente entendí porque se lee no como un libro nostálgico, esa es mi apuesta, sino como un libro que le habla al presente.
 
Tengo que morir todas las noches. Autor: Guillermo Osorno, Penguin Random House Grupo Editorial S.A de C.V. Colección Debate, México, junio de 2014, 240 páginas.

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