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MÉXICO 68

07 Oct 18 - 22:35


 

de David Olguín.
Buscar el eco en la realidad, a partir de lo teatral.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
 
México 68 es un montaje obligado en esta efeméride que, por supuesto, no es motivo de celebración, si de  recordar y reflexionar, ¿cuáles son las motivaciones de un teatrero de la talla de David Olguín, para escribir y llevar a escena México 68?.
 
Contribuir a la reflexión, responde inmediatamente el polifacético Olguín, contribuir a esa fecha terrible de nuestra historia, El milagro es un lugar en el que siempre hemos dialogado con la actualidad, reflexionado sobre los acontecimientos del país, y en este sentido nos aventuramos a decir, ¡vamos a entrarle!, ¡hablemos de esto!, e hicimos este México 68, que no tiene una perspectiva documental. Hay nostalgia, hay también una revisión crítica, también un diálogo del presente hacia atrás, y una metáfora sobre el autoritarismo. Lo quisimos abordar desde una manera lúdica, terrible, pero lúdica, es decir, que hubiera de por medio ese contrapunto con humor. Y, sobre todo, la idea de una revisión de una casa autoritaria, donde viven unos jóvenes que hallan esa fuga a partir de la imaginación y de la participación política.

 
  
 
Una parábola sobre el autoritarismo y una reflexión crítica que contrasta el pasado y el presente, en la Casa del Orden, un padre intolerante –miope, dientón e inflexible-, en un mundo reglamentado hasta el absurdo, asfixia a su familia y a sus jóvenes hijos. No cuenta con que su edén “candorosa y provincianamente intocado” habrá de sublevarse. El miedo es el fantasma que recorre la Casa.
 
Aunque no es teatro documental, el texto está perfectamente documentado, hay mucha investigación y se reconocen diálogos, fragmentos de discursos, ideas que son del dominio público, y aparecen, por supuesto, algunos de los personajes más siniestros en la historia moderna de este país. ¿Cómo se siente un joven grupo de histriones al prestar su cuerpo a esos monstruos?.
 
Iván Zambrano Chacón, quien da vida al autoritario padre, quien, por supuesto representa a Gustavo Díaz Ordaz, afirma: Da miedo, da mucho miedo y también mucha fascinación poder adentrarse tanto en una mente tan siniestra. Cuáles son sus motivaciones para pensar de esta forma, para dejar tan clara su postura inamovible ante los sucesos, una mente tan cuadrada frente a una generación justamente cuadrada, entonces es siniestro, pero también es muy emocionante.
 



 
Viridiana Tovar Retana, quien interpreta a la hija Cuca y a Barragano, comenta. Es interesante y es complejo llegar a entender al personaje de Barragano, que era la milicia del 68, a la que también le tendieron una trampa y que no tenía el panorama claro al jugar este juego del poder, de las trampas entre unos y otros, las secrecías que venían también del exterior, de la CIA. Y es muy complejo llegar a entender los pasos de cada uno, que terminó en una tragedia nacional, es difícil escuchar a estos personajes hablando de que no había sido una tragedia para la historia de México, sino sólo para unas familias mexicanas, difícil abrazar esa verdad, y saber que ese es el tipo de gente que está en el poder de toda una nación.
 


Valeria Navarro Magallón, la hija Trola, y Gutiérrez Barrios, dice: Coincido con lo complejo, y prestarle el cuerpo a está máscara de Gutiérrez Barrios te hace reflexionar: ¿quién soy yo ante la autoridad? y ¿quién es la autoridad ahorita?. Y pienso también de este oscuro personaje, que ha sido oscurecido, hasta ahora se empieza saber más de su historia, no se ha hablado tanto de él, y siento que es un personaje clave en la historia de México, en la forma en la que se ha hecho la política en base al terror. Creo que si me vulnera y me hace preguntarme que papel estamos tomando ahorita frente a la autoridad, cómo vivimos ahora la autoridad, y qué políticas se siguen haciendo igual que en ese momento, qué dinámicas del poder se siguen reproduciendo. Así es el poder!
 













 
Una de las principales manos ejecutoras de la masacre, el entonces Secretario de Gobernación y relevo presidencial de Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, que, parece que su castigo divino será la eternidad, porque sigue vivo, es encarnado por Yenitzel Crespo, quien también da vida a la hija Maguita, nos comparte. Ya han dicho que es complejo, pero también lo veo como una oportunidad de traer a estos seres otra vez, y que el público recuerde, que sea también una reflexión para el pueblo mexicano el autoritarismo que ha habido, y que sigue habiendo.
Como dice Iván, es fascinante adentrarse al mundo y a la cabeza de estos seres, que dices: ¿cómo es posible que hayan llegado a ese grado de maldad?, ¿qué es lo que traen en la cabeza?, ¿cuáles son sus ambiciones, sus intenciones, las relaciones uno con otro?, y tomando en cuenta de lo sucio del gobierno, de las conexiones entre otros países, porque no sólo son intereses de México, sino internacionales, reitero, me parece una oportunidad única, para hablarle a nuestros espectadores.
 
Habla una dupla de corifeos griegos, patiños del gabinete:
Manuel Cruz Vivas es el hijo Kinkos, y Sócrates, como el filósofo: A mí se me hace muy importante hablar de este tema, esta obra, y todas las obras que se están haciendo para conmemorar los 50 años del 68, porque si, han pasado 50 años pero la violencia sigue y tal vez sea más evidente, y es igual de fuerte y de escabrosa que hace 50 años. Hacer esta conmemoración es una responsabilidad como artistas, que no nos callemos y no nos acostumbremos a todo lo que sucede a diario en el país.

 
 
El hijo Tartajoso y Jayaxtreinta y tres, es interpretado por Ramiro Galeana Mellin, quien afirma: Es terrible que 50 años después en muchas circunstancias parece que tenemos Alzheimer, seguimos sufriendo desapariciones, violencia, por eso la pertenencia de este montaje, como bien dice el director: es importante no olvidar, seguir reflexionando y replanteándonos la realidad de este país.

 
Finalmente Mar Aroko, quien es el rebelde hijo Bocaza y la Madre… Yo solamente añadiría que algo que me gusta mucho de este montaje, es que si el principio de todo es la lucha por la impunidad, el instinto de sublevarse, de romper los esquemas que constriñen, de buscar nuevas vías de existencia más cercanas a la vida, a la luminosidad, por así decirlo, que se vincula con la juventud, y con el espíritu de lucha y de resistencia. Y justo lo que más me gusta es que ahorita estamos tocando sutilmente temas que se han añadido a nuestras necesidades, hay muchas razones por las cual marchar, por las cuales hablar el día de hoy, por las cuáles expresarse.
Y todo eso se engloba en el espíritu de lo que estamos haciendo aquí, es importante, es necesario hacer contacto y hacer que la cosa más grande, resonar, buscar el eco en la realidad, a partir de lo teatral.
 
El 68 es una herida que sigue viva, sigue doliendo ¿qué tan doloroso fue abordarlo para crear este espectáculo?.
 
Cuando iba haciendo mi investigación, son palabras del creador del proyecto, no obstante a mí me había tocado a los cinco años, el recuerdo que tengo de mis padres en paranoia, comprando costales de comida, temiendo hasta estado de sitio y cosas por el estilo, o ver tanquetas que jamás se me olvidara, de niño, viendo desde la ventana de mi casa, vivía muy cerca de Tlatelolco,  ver pasar al ejército, o ver estudiantes que corrían, y yo sin entender qué diablos estaba pasando. Claro, tenemos esa memoria viva y es parte del espectáculo la idea de tener a Mauricio Davison como alguien que vivió el 68, y que está recordando y que está insuflando la escena, esa idea de libertad, esa idea de democracia, también esa idea transgresora respecto a muchos órdenes que trajo el 68 en términos de revolución cultural, más allá de su fracaso como revolución política.


 
Cuando vas investigando eso, es conmovedor, absolutamente conmovedor ver a esos chavos, ver los videos que se han rescatado, ver la reconstrucción de los hechos, y ver la trampa en la que cayeron, un crimen de estado en última instancia, ha sido eso, aleccionador, creo, que para todos los que estamos involucrados en esto.
 
  
 
Mauricio Davison suma una experiencia más, otra aventura teatral con David Olguín.
 
Y qué mejor que con  una obra que escribió él y que relata los sucesos tan difíciles que nos tocaron a algunos de los viejos que estamos todavía el 68. Rememora el histrión. A mí me toco aquí en México, vivía en la colonia Nápoles, en la calle de Alabama, cuando llegó un compañero actor y me dijo hubo una balacera en Tlatelolco. Yo dije, no puede ser, si en la radio no han dicho nada, no pasa nada, no se sabe nada. Y así estuvimos varios días en que las noticias no divulgaban lo que había pasado, hasta que lentamente, a través de la prensa extranjera, comenzamos a enterarnos de lo que pasó. Me acuerdo que hubo un reportaje de Oriana Fallaci… Fue la primera… Fue la primera, creo que la pasó muy mal físicamente.
 
Y aquí reproducimos las primeras impresiones de la afamada periodista italiana, luego de la masacre, en la que ella estuvo presente…
 
“No, no voy a dar ninguna entrevista, ninguna, no después de lo que me pasó; me han disparado, me han robado mi reloj, me dejaron desangrarme ahí en el suelo del Chihuahua, me negaron el derecho a llamar a mi embajada… Quiero que la delegación italiana se retire de los Juegos Olímpicos; es lo menos que pueden hacer. Mi asunto va a ir al Parlamento, el mundo entero se va a enterar de lo que pasa en México, de la clase de democracia que impera en este país, el mundo entero. ¡Qué salvajada! Yo he estado en Vietnam y puedo asegurar que en Vietnam durante los tiroteos y los bombardeos (también en Vietnam señalan los sitios que se van a bombardear con luces de bengala) hay barricadas, refugios, trincheras, agujeros, qué sé yo, a donde correr a guarecerse. Aquí no hay la más remota posibilidad de escape. Al contrario. Yo estaba tirada boca abajo en el suelo y cuando quise cubrir mi cabeza con mi bolsa para protegerme de las esquirlas un policía apuntó el cañón de su pistola a unos centímetros de mi cabeza: “No se mueva.” Yo veía las balas incrustarse en el piso de la terraza a mi alrededor. También vi cómo la policía arrastraba de los cabellos a estudiantes y a jóvenes y los arrestaban. Vi a muchos heridos, mucha sangre, hasta que me hirieron a mí y permanecí tirada en un charco de mi propia sangre durante cuarenta y cinco minutos. Un estudiante junto a mí repetía: “Valor Oriana, valor.” La policía jamás atendió a mi petición: “Avísenle a mi embajada, avísenle a mi embajada.” Todos se negaron hasta que una mujer me dijo: “Yo voy a hacerlo.” “He llamado a mi hermana que sale hoy en avión, he llamado a Londres, a Paris, a Nueva York, a Roma. Hoy en la mañana cuando me llevaron a rayos X unos periodistas me preguntaron qué hacía en Tlatelolco: ¿Qué hacía, Dios mío? Mi trabajo. Soy una periodista profesional. Tuve contacto con los líderes del Consejo Nacional de Huelga porque el Movimiento es lo más interesante que sucede ahora en su país. Los estudiantes me hablaron el viernes a mi hotel y me dijeron que habría un gran mitin en la Plaza de las Tres Culturas el miércoles 2 de octubre a las cinco de la tarde. Como no conocía la Plaza y sé que es un centro arqueológico pensé combinar las dos cosas. Por eso fui. Desde que llegué a México me llamó la atención la lucha de los estudiantes contra la represión policíaca. Me asombran también las noticias en sus periódicos. ¡Qué malos son sus periódicos, qué timoratos, qué poca capacidad de indignación! ¡Qué Olimpiadas ni qué nada! Apenas me den de alta en este hospital, me largo.” Oriana Fallaci, corresponsal de L’Europeo, en su cuarto del Hospital Francés. México, 1968.
 
Fue terrible, continúa Davison, uno queda paralizado cuando pasan este tipo de sucesos, que también se repitieron en Francia, en Argentina, en Chile, en Chile ha sido lamentable todo lo que ha pasado de muertes, persecuciones y amenazas por tener un pensamiento político distinto, hasta el día de hoy.

 
  
 
Es un montaje lúdico, que invita a la risa, una risa inteligente y dolorosa, una risa reflexiva, ya que no podemos dejar de lado que se puede hablar de un antes y un después, en la historia contemporánea, y que la línea divisoria es 1968, porque hay muchos 68s en el mundo entero.
 
Exacto, un poco de ahí partimos también, interviene Olguín, y en buena medida el tener a nuestro cronopio Davison  rememorando, es traernos a la cabeza eso, que el 68 bueno es también la liberación sexual, es la liberación femenina, es la píldora, es, de pronto, el cuerpo, la idea de los viajes, de la música, de los trenes, con esas aspiraciones de libertad y toda una serie de conquistas que justamente hoy disfrutamos de ellas.

 
  
 
Es el año de los jóvenes porque antes sólo había niños y adultos, esa es un poco la idea de revisar desde los niños terribles, hasta los niños intelectuales, que de pronto fantaseaban con un país diferente que topó con autoritarismo.
 
Estos recuerdos, estas experiencias que tuvo actor de origen chileno. ¿Están en la obra, tienen algo que ver con el contenido, con los textos de su personaje en escena?
 
Mi personaje en la obra, nos comparte Davison, habla del amor, de luz, de Lutecia, mi Lutecia, jovencita de 18 abriles que cayó en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre. Es mi novia en la obra y la perdí, y me ha quedado una herida profunda que me ha llevado a recordarla constantemente de manera casi desquiciada cada 2 de octubre, y me ha arrastrado un poco al alcohol también. Entonces hablo del amor.

 
  
 
Lutecia y yo tomados de la mano, Tlateloco 2 de octubre, caminamos, vemos niños, vendedores ambulantes, perritos, un gentío, cuando una bala le llega a ella y muere.
 
Le tocó la masacre en la obra, obviamente le tocó. Tuvo la gran pérdida y él se dedica a hablar a través de Internet en una estación en que el habla a todo el mundo, y se lamenta que quizá nadie lo oye, pero dice: tengo que hacerlo porque si no me voy a enfermar, y si yo muero, ¿quién te recuerda?. Se me hace un parlamento muy bonito.
 
El personaje está en la actualidad y tiene una visión retrospectiva al 68.

 
  
 
Me voy 50 años atrás y le digo a los que me están escuchando: la vida es misteriosa, he sobrevivido 50 años para estar recordando esos momentos, y recordar a mi amada Lutecia, mi querida Lutecia, oh Lutecia, ¿qué no diera por volver a verte? hablo del amor en la obra.
 

Cronopio es el puente que enlaza al México del 68 con el México de hoy. Hay nostalgia del 68, pero también una mirada aguda sobre el presente desde los ojos del viejo cronopio sesentero que profetiza, por medio de internet, a sus internautas del deseo y redimensiona el sentido político de una rebelión que confrontó conocimiento y poder. El presente nos deja ante una esperanza que solo si es negra, podrá sopesar los tiempos oscuros que hemos vivido:

 
“¿Sirve la nostalgia? ¿Sirve de algo mi lamento desesperado en honor de los jóvenes que nos atrevimos a ser locos y libres? ¿Qué logramos? Cuerpo, escritura, música, poesía, Lutecia desnuda, la píldora y la locura liberadora, trenes: bestias mitológicas, carreteras sin fin, sicodelia, isla de Lesbos, flotantes islas de ensueño, embriaguez, la eternidad en un instante, revolución lírica a falta de revolución política, revolución cultural porque la revolución real que logramos nació joven y envejeció esclerótica encarcelando y a veces matando a sus propios hijos.”
 
 








 
El teatro es de todos. ¡Asista!
Imprescindible.
México 68. Texto y puesta en escena de David Olguín.
Escenografía e iluminación Gabriel pascal.
Vestuario: Laura Martínez Rosas
Actuación: Mauricio Davison, Mar Aroko, Yenizel Crespo, Manuel Cruz Vivas, Ramiro Galeana Mellín, Valeria Navarro Magallón, Viridiana Tovar Retana e Iván Zambrano Chacón
Teatro el Milagro. Milán #18, Colonia Juárez. Metrobus Reforma
Jueves y viernes 20:30 horas, sábados y domingos 19 y 21 horas. Hasta el 11 de noviembre.

 

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