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MARTES CON MI VIEJO PROFESOR

17 Apr 18 - 12:06




 





 
De: Jeffrey Hatcher y Mitch Albom.
Aprender a morir es aprender a vivir.
Testo y fotos: Salvador Perches Galván.
 















Mi viejo profesor impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa,
junto a una ventana de su despacho, desde un lugar donde podía contemplar
cómo se despojaba de sus hojas rosadas un pequeño hibisco.
La clase se impartía los martes. Comenzaba después del desayuno.
La asignatura era el Sentido de la Vida. Se impartía a partir de la experiencia propia.
Mitch Albom
 
  
 
Considerado por The Washington Post como el libro de memorias más vendido de la historia, Martes con mi viejo profesor narra la experiencia vivida por Mitch Albom con Morrie Schwartz, uno de sus profesores de la universidad, al que vuelve a ver muchos años después en una entrevista en televisión, en la que se entera de que su viejo profesor sufre ELA, una enfermedad degenerativa. Albom entra de nuevo en contacto con él y le propone verse todos los martes. Durante estos encuentros, tiene la oportunidad de plantearle las grandes preguntas que siguen inquietándole y de hallar consejo y aliento para su propia vida en las sabias palabras del maestro.
 
Con más de 14 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, éste es uno de esos libros que impactan en la conciencia del lector. Martes con mi viejo profesor es el testimonio de esta entrañable relación y de las lecciones de esperanza, amor y solidaridad que Morrie le transmitió en el ocaso de su vida. Una crónica sensible y emotiva basada en hechos reales y en la cual se traza el perfil de un hombre excepcional.
 
En 1999, Martes con mi viejo profesor se convirtió en una película protagonizada por Hank Azaria como Mitch Albom y Jack Lemmon como Morrie. Dirigida por Mick Jackson, la película ganó cuatro premios Emmy, un Globo de Oro y un premio Screen Actors Guild, entre otros.
 
Posteriormente, de las letras, paso también a las tablas, en una versión teatral, que ahora está presente en la cartelera local, dirigida por Walter Doehner, y protagonizada por Emilio Guerrero, extraordinario, y el no menos talentoso Daniel Bretón.

 
  
 
Habla el director de la puesta: La obra está basada en un libro, pero el libro está basado en una serie de pláticas que tiene Mitch Albom con Morrie, que es un personaje de la vida real, o sea es una historia real, y es increíble. Morrie Schwartz era un profesor de sociología, de ascendencia judía, americano, que dio clases durante 40 años. Era un humanista y ese reencuentro con su alumno, porque Mitch Albom fue su alumno, que lo dejó de ver muchos años, hasta que se enteró que se iba a morir y decide ir a verlo como para despedirse, para cumplir una promesa que se habían hecho, lo que Mitch hizo fue escribir este libro que sirve para rescatar a Morrie. Schwartz tenía una forma de ver la vida muy especial y tenía una forma de explicar la vida muy especial, y claro en el momento que recibe esta sentencia, digamos, porque está enfermo, el decide dedicar su último tiempo de vida a entenderse a sí mismo, y tuvo un alumno enfrente que lo escuchó.
 
No son clases, lo que retratan es a un ser muy sensible y muy inteligente, a explicarnos muchas cosas sobre la existencia, sobre la vida, sobre la muerte, sobre la comunidad, sobre cómo nos debemos de sentir más humanos, esta es una oportunidad para escuchar a este señor que tenía mucho que decir y que no se quede solamente en esa aula y esos alumnos, muchos alumnos debe haber tenido y la obra lo que hace es hablarnos de este Morrie, es increíble, de verdad un personaje que cuando me tocó conocerlo a través del internet, me sorprendió su vitalidad y la capacidad de verse frente a la muerte y responder porque es importante tratar de vivir lo más feliz que puedas.

 
  
 
Me comentaste que cuando lo leíste, te espantó ¿por qué?
 
Fui invitado a dirigir la obra y cuando la leí, habla sobre temas que están muy presentes los últimos años en mi vida, que es la muerte, o sea estas cosas que a veces se acumulan, y claro, sobre la obra al leerla, la primera impresión era: habla sobre la muerte. Y en el proceso de releerla, de encontrar a Morrie, y de tratar de llevarla a escena, en los ensayos con los actores, terminó siendo terapéutico y terminó siendo una gran lección de cómo enfrentarse a esa problemática, cómo enfrentarse a la pérdida, y qué tan importante es aprender a despedirse, a tomar en consideración a los otros, en tomar en consideración a los que tienen una discapacidad, porque lo que tiene el maestro es ELA, esclerosis lateral amiotrófica, entonces él lo que ve, es un proceso de degradación y tiene que aceptarlo, y tiene que aprender a vivir con él y cada minuto de sus últimos minutos, irradia alegría y felicidad. Fue un reto placentero, como espero que sea para la gente que venga a ver la obra, o sea, viene a escuchar temas complicados, dichos con una sencillez increíble.

 
  
 
La obra, se suma a una serie de textos, ya sea cinematográficos o teatrales, en torno a la relación de personas maduras con jóvenes: un profesor con su alumno, un abuelo con su nieto, con el consabido cambio de conocimientos, de experiencias, incluso de energías, esto regularmente es muy conmovedor, baste recordar la extraordinaria La sociedad de los poetas muertos, que en breve pisará escenarios mexicanos, en una adaptación teatral, y siempre invitan a la reflexión
 
Invita a la reflexión si, si sales de la obra pensando. No es que te exija pensar la obra, sino que sales pensando porque lo que se dice y la transformación que sucede en el escenario de este joven alumno que aunque tenía la semilla del maestro adentro, no había aprendido a desarrollarla. El proceso de aprendizaje de la escuela tiene que tener un segundo paso en la vida, donde uno tiene que aprender a cómo llevarse con los demás, a como visualizar, a cómo entender el compromiso, ¿con quién tienes el compromiso?, ¿contigo mismo, o con el otro, o con la sociedad?. Un poco lo que intenta la obra es poner en perspectiva y decirte siempre piensa en lo más importante Morrie dice “Aprender a morir, es aprender a vivir”, porque si entiendes tu mortalidad, más vale que te apliques en lo importante, que digas cada minuto es importante y trates de vivirlo con plenitud. Y entendiendo que lo que te hace humano es acercarte a los otros seres humanos, no pensar en este tiempo de tanta individualidad y tanto egoísmo, lo que te dice es, ah, sí tienes una vida feliz y en comunión con los demás, cuando te vayas, te vas a quedar en el corazón de los demás. Eso es un poco la simple lección de esta obra.
 
Hay que aprehender de lo aprendido.
 
Sí, claro, y algo que dice Morrie es: “Nunca es tarde, tengo poco tiempo pero quiero hacer algo, lo voy a hacer, y no importan las limitaciones, y no importa el tiempo. Aprende a vivir más contento con lo que tienes, con lo que encuentras, lo más importante no es el dinero”. Y dice: “Hay que aprender a llorar y sacar también de las lágrimas alguna lección, llorar te pone en contacto con tus sentimientos, y esos son importantes, no los guardes en un closet, porque luego te vienen a buscar.
 
Eso es un poco, y una cosa de la cual estoy muy contento, es que el proceso fue muy agradable, pero también encontrarme con estos actores que se introdujeron y que se metieron, y que tuvieron que abrirse ellos para recibirlo. Emilio y yo tenemos la misma edad (que, acotación al margen, Guerrero ofrece una interpretación brillante, logrando, a la vista, un deterioro físico impactante), y enfrentarse a ese tipo de cosas y con procesos similares, pues tienes que rascar un poco adentro, a ver que si hay dolor y salirte. Y Daniel Bretón, que es el joven, también se aventó a tratar de entender ese proceso y siempre tratar de tener esa visión del joven enfrentado a un hombre mayor, qué le dice: “No todo en la vida es envejecer, también aprendes, también creces”.

 
  
 
Tu currículo abarca desde producción y dirección de programas de televisión en Canal 11, funcionario en CEPROPIE, pero también has visitado el teatro, has visitado el cine, y fuiste pionero con Epigmenio Ibarra, en las series que ahora están tan de moda, ¿qué te hace regresar a las tablas?.
 
Quizás es lo que menos he hecho, pero es un proceso que siempre disfruto mucho porque hay mucho más sitio para la reflexión y también en la profundidad del trabajo. Aprendo mucho del comportamiento humano, me acerca al trabajo de los actores, me renueva y enfrentarse al público siempre es un reto y siempre es difícil, me pone muy nervioso, pero también es muy satisfactorio. Ver la recepción de algo que está sucediendo en vivo, de lo cual yo ya no tengo mucho que ver, yo hice un trabajo durante un par de meses con los actores para que el texto se entendiera, para que el trazo tuviera gracia, pero en el momento soy uno más del público, y lo sufro, y lo vivo y me da gusto venir al teatro y ver cómo la obra agarrar una vida posterior. Cómo ese Morrie que yo me imaginé, o ese Mitch, ya tienen vida propia es muy lindo porque una intención que uno empujó al principio, tiene un tiempo, tarda un tiempo .Y el cine y la tele son más de brochazos, buscas una intención, no la logras, y tienes otros elementos, como la cámara que te ayuda a enfatizar lo que quieres. El teatro es desnudo énfasis que no sucede más que en el escenario, hay un proceso que va cayendo y claro, una vez que dejas el ensayo y la obra al día, ya no te pertenece, ya no la puedes cambiar y empieza a ganar por sí mismo, eso es muy rico.

 
  
 
Lo que tú te imaginaste, los personajes que imaginaste, se parece a lo que vemos en el escenario.
 
Los personajes me siguen gustando, y creo que eso se logró. ¿Qué me gustaría?, no sé, siempre te quedas con esa visión autocrítica del trabajo de, ¿qué más se puede hacer?.
Pero estoy contento porque la obra consigue dos cosas principales:
1) Conmueve al público que está ahí, y 2) esta necesidad de salir a reflexionar un poco está ahí presente.
Y que además no sea oscura, yo creo que es para un público más amplio porque uno diría, se trata sobre esos temas que le interesan a la gente mayor. Y yo digo que les ayuda mucho a los chavos ver este tipo de cosas, porque uno piensa que eso no va a llegar, ¡y si llega!, y la obra habla un poco de eso, no es que te prepares, es estar consciente,  hazte consciente de tu fragilidad, y de tu fortaleza...  y de tu fecha de caducidad...

 
  
 
Martes con mi viejo profesor es una obra donde enfrentas dos versiones sobre cómo es la vida: la versión de un joven, y la versión de un viejo, y es sorprendente la cantidad de temas que toca: Lo que es tener una pareja, lo que es tener hijos, lo que es… y temas un poco más difíciles, como la vida, como la muerte, a qué te dedicas, qué tan importante es el dinero. Martes con mi viejo profesor, es una obra corta, son dos personajes, en el Centro Cultural Coyoacanense todos los martes a las ocho y media, siguiendo esa cita que Morrie tenía con Mitch los últimos martes de su vida.
 
 
 
 
 
El teatro es de todos. ¡Asista!
 
Absolutamente recomendable.
Martes con mi viejo profesor. Autores: Jeffrey Hatcher y Mitch Albom.
Dirección: Walter Doehner
Con: Emilio Guerrero, Daniel Bretón y Odette Villareal
Foro Cultural Coyoacanense “Hugo Argüelles” Ignacio Allende 45,
Colonia del Carmen, Coyoacán.
Martes 20:30 horas, hasta el 12 de junio del 2018

 

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