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LAS TRES HERMANAS

28 Dec 18 - 11:28

 

Versión de Diego del Río al original de Antón Chejov.
Quedarnos con la raíz de las cosas.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
 
En sintonía con la realidad social rusa de la época, Chejov creó a sus personajes insertos en un contexto en el que la antigua clase aristocrática, habiendo perdido el brillo y el poder de antaño, se consumía lentamente frente a los dictados de un nuevo orden encarnado en la incipiente burguesía.
 
La Rusia de la segunda mitad del siglo XIX, convulsionada por la agitación político-social que daría vida a la revolución, tomaba conciencia de su historia nacional de la mano de un grupo de intelectuales liderados por Pushktin, Tolstoi, Dostoievsky y Chejov y al mismo tiempo era protagonista de un cambio profundo que amenazaba quebrar los oxidados cimientos del sistema tradicional.
 
Chejov es, al mismo tiempo, protagonista y privilegiado espectador del cambio que se operaba en Rusia y supo plasmar, con extrema lucidez, las fluctuaciones de un país que se encaminaba lentamente hacia la modernidad y la industrialización. A lo largo de su corta carrera como escritor dio gran impulso a la narrativa corta y al teatro, siguiendo una original estructura dramática que lo daría a conocer en el mundo entero.
 
Chejov (1860 – 1904) es un renovador del teatro moderno y el primer gran autor dramático del siglo XX. Su obra lo lleva a ser considerado uno de los más geniales exponentes de la literatura universal. Una de las características que lo definen es el anti-clímax dramático en que se desarrolla la sutil tensión de sus relatos.

 
 
Chejov indaga y extrae de sus personajes los rasgos esenciales, los resortes más invisibles y las manifestaciones por medio de pequeños, mínimos detalles. El drama del hombre se hace en su interior y no en sus manifestaciones externas. Si el arte intenta apropiarse de la vida por medio de la interpretación de la misma, Chejov  consigue una de las mejores interpretaciones existentes en la dramaturgia.
 
Diálogos aparentemente fáciles que sus personajes trenzan en escena, muestran la decadencia de una sociedad en la que los miembros que la integran no luchan, no se defienden, no son vencidos, sino simplemente se someten y son absorbidos por la rutina, lo establecido, soportan sus destinos yendo de la pequeña ilusión a la profunda desilusión, deslizándose nueva y tristemente a través del aburrimiento de no saber qué hacer con sus vidas hacia una vida carente de fe o de metas elevadas.
 
Máximo Gorki dijo: "nadie ha comprendido con tanta claridad y agudeza como Antón Chejov, el dramatismo que encierran las menudencias de la vida. Nadie, antes que él, ha sabido presentar a las gentes con tan implacable verismo, el cuadro vergonzoso y triste de su vida en el caos gris de la anodina existencia mesocrática”.

 
  
 
Las tres hermanas es la pieza más sombría de Chejov, se nubla con cierta atmósfera de fatalismo que desempeña un papel vital en la derrota de los personajes.
La obra retrata la vida de los Prozorov (familia aristocrática y culta) obligados a permanecer en un pueblo de provincia, añorando la lejana imagen de una Moscú idealizada. El conflicto estalla con la llegada de Natasha, quien lenta pero implacablemente las despojará de la casa. El duelo silencioso, indirecto simboliza la confrontación entre la cultura (en el sentido dado por Chejov) y la vulgaridad encarnada por Natasha y revelada por su marido: "Mi mujer es como es. Honesta, seria, buena digamos, pero con todo eso hay algo en ella que la rebaja al nivel de un animal mezquino, ciego y áspero...."
 
Toda la obra está regida por una visión pesimista de la vida provinciana, una existencia que devora las ilusiones y embrutece al ser humano. También entreteje una dialéctica entre la esperanza y la desesperación. La obra culmina con las tres hermanas fuera de la casa, resignadas al destino que les ha tocado en suerte
 
Chejov empezó a escribir Las tres hermanas en el verano de 1900, la obra, una de las obras más perfectas de su autor, es la primera que escribió especialmente para el Teatro de Arte. En las cartas a Olga Knipper (su prometida y futura intérprete de Masha) se queja de que el trabajo no avanza ni sale a su gusto, de que no consigue escribir la obra de un tirón, como las anteriores.

 
     
 
La obra retrata la vida de las tres hermanas del título, que se consumen en el tedio de una pequeña ciudad de provincia. La acción parece seguir el curso natural de la vida y no obedecer a la voluntad del dramaturgo. Se habla del trabajo, de una loción para el cabello, del nuevo comandante de batería, de su mujer y sus dos niñas, de las borracheras del doctor Chebutikin… “Entre tanto la vida transcurre”, según la expresión de Chejov. Pero mientras la vida sigue, las hermanas van perdiendo la felicidad, o su casa, sin oponerse a la invasión y la devastación de Natasha, su vulgaridad, su frialdad y ambición, el mal trato que da a los sirvientes y su egoísmo.
 
Los personajes de Chejov comparten el mismo leitmotiv: la añoranza de un futuro mejor. Pero se trata de una añoranza estéril. Porqué los soñadores son incapaces de luchar para darle vida a sus sueños, no mueven un dedo para que esa vida maravillosa llegue.
 
Olga, Masha e Irina sienten como se escapa el tiempo de la plácida juventud y se marchitan las ilusiones más recónditas. Olga e Irina sueñan, ansiosas, con volver a Moscú y con encontrar el marido ideal. Masha vive desencantada una boda desgraciada. ¿Cuál es el objeto de sus vidas? Almas tristes, solitarias. Con los años no sólo van cambiando ellas, también el mundo circundante: su vida doméstica se vuelve cada vez más precaria y se comienza a fraguar una tormenta poderosa que en pocos años lo cambiará todo. Chejov anatomiza los últimos representantes de una burguesía atrapada por la nostalgia, aplastada por el pasado, ociosa hasta el tedio.
 
Las tres hermanas son tres personas que no pueden cumplir sus deseos más profundos. El mundo de su infancia y juventud se acaba y la realidad se lo lleva todo.
 
La filosofía de Chejov, continuador de la gran tradición humanista y democrática de la literatura realista rusa, describe irónica y despiadadamente la degradación paulatina, tanto económica como cultural, de la nobleza latifundista, centrando su atención en la suerte de su propio estamento social: la intelliguentsia pequeño burguesa.

 
  
 
Chejov introdujo un cambio radical en las formas de la dramaturgia, dando a la acción dramática una estructura nueva, capaz de abarcar cualquier manifestación de la vida. Con una simple sucesión de cuadros cotidianos logra impresiones generales, a veces de una gran intensidad. La pintura sutil, la fluidez del diálogo, la novedad y lo candente de los temas ganaron al público y le dieron una gran popularidad en vida.
 
Al hablar del teatro de Chejov es inevitable hacer referencia a Constantine Stanislavski (1863-1938), quien propició, junto con el autor y profesor de arte dramático Vladimir Dantchenko, la creación en 1898 del Teatro de Arte de Moscú. Fue Dantchenko quien propuso el nombre de Chejov, hasta ese momento un dramaturgo conocido que había fracasado con La gaviota. En 1896, Stanislavski y Dantchenko aceptaron el reto de empezar con una obra tildada de decadente, y en 1898, el Teatro de Arte invitó al público moscovita a contemplar una nueva versión de La gaviota que consiguió un éxito que la convirtió a en símbolo del Teatro de Arte de Moscú y del teatro ruso moderno.
 
Tras el éxito de La gaviota en el Teatro de Arte, Stanislavski y Dantchentko suplicaron a Chejov que siguiera escribiendo para la compañía. Chejov les entregó tres nuevas obras: Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos. El éxito de estos textos llevó a rescatar obras anteriores del autor, pero, por desgracia para el teatro, cuando Chejov se encontraba en plena euforia creativa murió de una afección pulmonar en 1904.
 
Para Chejov el teatro no consiste solo en una serie de hechos dramáticos, sino en las relaciones entre los diferentes dramas particulares que tienen lugar al mismo tiempo en el escenario y en las relaciones que se dan entre lo dramático y lo cotidiano, lo serio y lo banal.
 
Las tres hermanas, por Stanislavski: El estreno de Las tres hermanas en Moscú fue el final de un proceso creador duro y difícil. En Mi vida en el arte (1926) Stanislavski describe como fueron los preparativos y los ensayos antes de presentarla ante el público:
 
Después del éxito clamoroso de La gaviota y Tío Vania, nuestro teatro no podía pasar sin una nueva obra de Chejov. Nuestra suerte estaba en manos de Antón Pavlovich. Con una nueva obra, podíamos hacer una buena temporada, pero, si no, el teatro perdería su clima especial. Chejov envió el primer acto de una nueva obra que aún no tenía título. Más tarde, llegó el segundo acto, después, el tercero, y ya solo faltaba el último. Finalmente, el último acto llegó, en manos del propio Chejov, que fijó un día para la lectura de la obra en su presencia. En el teatro, colocamos una gran mesa y todos se sentaron alrededor, con Chejov y el director en medio de todos. En el momento de intercambiar impresiones sobre la obra que acabábamos de leer, había quien la consideraba un drama, otros decían que era una tragedia, sin darse cuenta que todos esos calificativos iban dejando a Chejov estupefacto. Todo esto es intolerable: el dramaturgo estaba seguro de haber escrito una comedia alegre y, en cambio, durante la lectura, todos habían tomado la obra como un drama, hasta el punto de llorar. Esto hizo creer a Chejov que la obra era inteligible y que, por tanto, había fracasado.
 
Comenzó la faena del director de escena. Danchenko, comenzó a dirigir la parte literaria; mientras, yo comencé a analizar minuciosamente la puesta en escena: quién tenía que ir de un lado a otro del escenario, hacia dónde, porqué, que había de sentir aquel personaje, que tenía que hacer, que actitud tenía que adoptar, etc. Los actores trabajaban con interés, con lo que pudimos ensayar la obra bastante rápido y todo quedó comprensible, claro y veraz. Pero aun así, la obra no sonaba lo bastante bien, le faltaba vida, parecía aburrida, pesada y demasiado extensa. Sin lugar a dudas, le faltaba “algo”.
En uno de estos ensayos agobiantes, sucedió un hecho. Los actores se interrumpieron en medio de una frase y pararon de actuar porque no acababan de entender el objetivo. Se había perdido la fe y la confianza en el director.
 
Uno de los presentes empezó a rascar con las uñas el banco de madera donde se sentaba y provocó un ruido parecido al que hacen los ratones en una casa vieja. No sé muy bien porqué, pero aquel ruido me trajo a la memoria mi hogar paterno. De golpe noté una agradable calentura en el alma, sentí la verdad, la vida y, de golpe, mi imaginación comenzó a trabajar. Quizá el ruido que parecía el rascar de los ratones, combinado con la semioscuridad y la falta de recursos para saber salir de la situación donde me encontraba, habían tenido, en algún instante del pasado, un significado que ni yo mismo sabía.
Por esta razón o por otra, de golpe pude “ver” con claridad la escena que estábamos ensayando. Desde ese momento, en el escenario empezó a reinar el agradable calor de hogar y los personajes de Chejov de golpe cobraron una vida palpitante. Lejos de pasearse por el mundo cargados de angustia, buscaban alegría, risa, animación; los personajes querían vivir, no arrastrarse. Vi la verdad de esta actitud en los protagonistas de la obra y eso me iluminó aún más: de forma intuitiva me di cuenta y entendí lo que tenía que hacer.
La faena recobró el ritmo,

 
  
 
Sin duda alguna deben ser muchas mas las versines de la obra presentada en nuestra ciudad capital, sin embargo referiré solo algunas, que tuve oportunidad de presenciar.
 
El 26 de agosto de 1977, la Compañía Nacional de Teatro, primera “versión” de la actual, con características similares; elenco estable, sede fija, etc, estrenó Tres hermanas, bajo la dirección de Rafael López Miarnau, en el Teatro Jiménez Rueda.
Con el siguiente elenco: Virginia Gutiérrez, Mónica Serna, Mercedes Pascual, Miguel Córcega, Carlos Bribiesca, Blanca Torres, Jorge Mateos, Ricardo Blume, Carmen Robles, Jorge del Campo, Luis Gimeno, Bárbara Gil, Óscar Narváez, Marco Zetina, Isabel Ibarra y Rodolfo Téllez.
 
Muchos años después, en 2009 vuelven Las tres hermanas, gracias a la Temporada académica ’09, como examen profesional de las Licenciaturas en Actuación y Escenografía de la Escuela Nacional de Arte Teatral, entonces dirigida por Martín Acosta, en la que participó, entre otros muchos actores incipientes, David Gaitán, quien interpretó el papel de Nikolai Lvovich Tusembach, el mismo Gaitán, posteriormente revelado como un gran autor y director, además de actor, escribió en el programa de mano:
 
Hablar de la vida y la muerte, por ejemplo, es un tema eterno; inagotable y fascinante siempre que se aborda con responsabilidad. El arte tiene la obligación de asumir esa responsabilidad y combinarla con belleza. Antón Chejov, en una vida que solo duro cuarenta y cuatro años (1860 – 1904) entendió esto y lo desarrolló sobretodo en sus obras de teatro.
 
Coma por coma, Chejov combina estructuras equilibradas cual sistema solar con temas perennes: antídoto contra el olor a rancio. Antón Chejov es hoy un artista que, a través de su obra, cobija a otros en su labor expresiva.
 
Al que no le interesa llevar a cabo sus aspiraciones, que tilde de anticuado a Chejov; a quien no se haya preguntado si lo que hace en la vida tiene sentido, que salga del teatro. Pocos artistas tienen la visión y capacidad para plantear y desarrollar temas de estos vuelos; hablar de ellos a través de las palabras de Chejov es una tranquilidad para quien lo hace.
 
Las grandes obras de arte exigen su reinterpretación a lo largo del tiempo. Chejov, en el mundo del teatro y ante la realidad de las formas de entender la escena que la actualidad propone, es un indispensable.

 
  
 
IRINA: (…) Se me está olvidando todo, cada día olvido algo, y la vida se me está resbalando, no va a regresar; nunca, nunca vamos a ir a Moscú… ya me di cuenta que nunca vamos a ir…
 
Esta reinterpretación que exigen los grandes dramaturgos, los grandes texto, se comprobó hace unos cuantos años, gracias a la reelaboración que hace de Las tres hermanas, el maestro José Sanchis Sinisterra en su obra Éramos tres hermanas. Variaciones obre Chejov. Proceso del cual, afirma el español:
 
Es difícil no fijarse en Chejov, no sólo por lo que significa como un autor históricamente consagrado, sino porque una lectura atenta de su obra nos permite descubrir que anticipa muchas de las modalidades del teatro del siglo XX y yo diría que incluso del XXI, es el tipo de creador que rompiendo con una forma de hacer, propia de su tiempo, se adelanta. Algo de lo que en los años 50 y 60 del siglo XX hizo Harold Pinter ya está insinuado en Chejov. Yo fui un poco más allá y me pareció percibir un cierto aire becketiano; en este tiempo no progresivo, estos personajes residuales o por lo menos que están en una fase decadente de su historia, de su vida, todo eso tiene que ver con el mundo crepuscular de Beckett.
 
¿Por qué reelaborar Las tres hermanas de Chejov?. Creo que ese trabajo de deconstrucción ayuda a entender dimensiones de la obra que, a lo mejor no se percibe en su superficie, en su originalidad. En el caso concreto de Las tres hermanas fue una especie de ejercicio que hice con la primera escena, el diálogo Olga – Irina, en donde Olga informa a sus dos hermanas, porque Masha también está presente, de cosas que ellas ya saben: “Hoy hace un año que murió nuestro padre. Tu Irina, era el día de tu santo, ibas vestida de blanco. Nuestro padre era Coronel…” siempre me ha creado problemas el texto de esa primera escena. Hice un ejercicio para mis talleres y laboratorios de deconstruir esa primera escena, entonces a partir de ahí me entró la tentación, quizá un poco excesiva, de llevarlo al extremo y hacerlo con la totalidad de la obra manteniendo sólo a los tres personajes y ahí empezó un proceso muy largo y que padecen las actrices porque la lógica del texto no es única, hay varias lógicas en funcionamiento y eso no es fácil.
 
Chejov juega, en el buen sentido de la palabra, con tres figuras de la femineidad establecidas en la civilización occidental que son: Olga, la mujer madre y yo diría y también un poco padre, está cumpliendo también con la ausencia del padre. Masha es la mujer esposa, que finalmente deviene también en mujer amante. Irina es la mujer niña. Son, no sé si llamarle estereotipos o arquetipos de la femineidad en occidente, y Chejov juega con ello y las pone en movimiento.
 
 
Y en la actualidad, en esta original temporada chejoviana que se lleva a cabo desde hace casi un lustro, y de la cual ya ha resultado una invaluable tetralogía en el Proyecto Chejov: Vania, La Gaviota, El jardín de los cerezos y ahora se suman Las tres hermanas, tres de ellas, casualmente, como las hermanas, has sido encabezadas por el sensible, talentoso y prolífico Diego del Río (El jardín fue dirigido por la también talentosa Angélica Rogel), y el joven del Río nos comparte el por qué volver a un clásico como Chejov.
 
Otro Chejov, y uno muy especial. ¿Por qué? por el elenco. Se hizo un grupo hermoso, muy suave, muy profundo, muy divertido, y ha sido muy gozoso construir un material tan complejo y tan doloroso como es Las tres hermanas, quizá de sus obras una de las más tristes, pero también de las más hermosas. Habla del amor, de la familia, de los vínculos entre los hermanos, de las muertes, a partir de la muerte del padre todo lo que se mueve en una familia. Habla de la vocación, de la falta de sentido, y de esa búsqueda de estos temas que siguen estando siempre vigentes, y por algo Chejov no caduca
.
 
Para Chejov, la Moscú ausente, es el paraíso perdido al que habría que volver, la capital de Rusia, no desaparece en la nueva versión que ahora, y por poco tiempo se puede disfrutar en la ciudad de México
 
Es atemporal, No la traslado, hablamos de Moscú porque no quise perderme de esa referencia que ha trascendido con la obra, este símbolo en que se convierte esta ciudad, que es la capital de la que vienen las hermanas, en realidad habla de eso que siempre añoramos tener, o añoramos volver a tener, por eso ellas varias veces se refieren a Moscú. Pero es una versión que podría suceder en cualquier momento, en cualquier época y en cualquier lugar. No está tropicalizada a México, tampoco está modernizada, los personajes no tienen un celular. No hay vestuario los actores visten cómo vienen vestidos a dar la función, como si estuvieras presenciando un ensayo
 
Estilo que se conserva en las producciones chejovianas dirigidas por del Río…
 
Cómo fue La gaviota, que es, de alguna manera, una continuación en la investigación estilística y de lenguaje, y esto tiene que ver con desnudar un poco más la medula del material y quedarnos con la raíz de las cosas. Chejov es de pronto seco, crudo y directo y en medio de eso está toda su belleza, va muy al punto, muy al grano, y eso es algo maravilloso.
 
Al quitarle el adorno y el oropel queda la esencia, entras a otro espacio más directo al alma de estos personajes, y ahí se da un reconocimiento mucho más concreto con el público del 2018. Va directo a la entraña.

 
  
 
El tono bucólico de Chejov, el gélido clima Ruso, pareciera que nos son muy ajeno pero...
 
… en realidad no. Yo siento que hay muchos paralelismos con lo mexicano, por el tipo de familia, por el tipo de relación. Si bien los latinos somos muy vitales, ellos también son emocionales, profundos. Hay, obviamente, cosas distintas en la textura y tuvimos que visitar todos esos detalles para poder entender el material desde lo más profundo, sin embargo, la versión busca quedarse con esa simpleza, que creo que el original también buscaba tener, creo que Chejov estaba intentando, por lo que he leído, que él estaba intentando siempre escribir, de gente real para gente real, de conflictos reales y un poco quitando este oropel se da la sensación que se empareja con esa búsqueda que el autor tenía en 1901 cuando escribió esta obra.
 
Las Tres hermanas son tres grandes actrices de México: Emma Dib en el personaje de Olga; Arcelia Ramírez interpreta a Masha y Maya (Selena) Zapata a Irina, quien casi logra estar al nivel de sus dos compañeras de elenco, tarea, muy difícil, dada la trayectoria, talento y vida sobre los escenarios. El resto del elenco, casi homogéneo en virtuosismo histriónico, está integrado por la enorme Concepción Márquez, Enrique Arreola, alternando con Alejandro Morales, Mauricio García Lozano, Antón Araiza, Evan Regueira y Anahí Allue, quien lleva la obra a otro tono y otro género, entre el melodrama y la comedia.
 
Esta es una obra recurrente en escenarios mundiales, tanto la versión original de Chejov, como diversas relecturas y adaptaciones. ¿A que atribuir la recurrencia de esta obra?
 
Yo creo que es interesante estudiar esos fenómenos de sincronía, porque recientemente había tres versiones de Las tres hermanas en cartelera. Esta versión, Manada, qué es una investigación de Luis Eduardo Yee sobre Las tres hermanas y Villa dolorosa un Chejov traído pertinentemente a la actualidad por la alemana Rebekka Kricheldorf alrededor de Las tres hermanas.
Y creo que tiene que ver justo con que el tema de la búsqueda del sentido de la vida, que es el tema, y el tema del teatro, y creo que Las tres hermanas al retratar relaciones filiales, se vuelve muy cercano a todos nosotros.

 
  
 
¿Qué tiene Diego del Río de Chejov, además del amor al teatro?
 
La pasión por el teatro, por la observación del ser humano, por esa investigación sutil que me interesa retratar en el teatro. Él es el maestro de eso, yo creo que Chejov es el autor de las cosas simples, parecería que no, pero es el autor de las emociones simples, y ahí está su complejidad, su profundidad, lo universal y lo atemporal, y creo que ahí me emparejo con él, en esa, por lo menos, búsqueda. Él lo hizo muy bien, es el autor, para mi gusto, más importante del teatro moderno y hasta podría decir, casi, de la historia del Teatro. Sin la menor duda, es mí autor favorito
 
 
 
 
 
El teatro es de todos. ¡Asista!
 
Absolutamente recomendable.
Las tres hermanas. Versión de Diego del Río, a partir del original de Antón Chejov.
Dirección: Diego del Río.
Producción: Oscar Uriel.
Actuación: Emma Dib, Arcelia Ramírez, Masha Maya Zapata, Concepción Márquez, Enrique Arreola / Alejandro Morales, Mauricio García Lozano, Antón Araiza, Evan Regueira y Anahí Allue.
Teatro Milán. Lucerna 64, esquina Milán. Colonia Juárez. Teléfono: 5535 4178
De lunes a sábado 8:45, domingos 6 de la tarde. Hasta el 10 de enero.
 

 

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