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GENTE DE CINE, FEDERICO FELLINI

05 Feb 15 - 21:10

 
    GENTE DE CINE
                                              
   


    FEDERICO FELLINI
    Repliegue sobre sí mismo
    Por: Salvador Perches Galván  
 
   


    Sin duda alguna, Federico Fellini es el creador más original y personal del cine italiano entre
    las décadas de los 50’s y los 70’s. Nació en Rímini el 20 de enero de 1920, en el seno de
    una familia de clase media, estudió en el Liceo Classico Julio Cesar, donde descubrió su
    talento para el dibujo.
    En su infancia, Federico muestra un vivo interés por las películas de Chaplin y los cómics
    humorísticos estadounidenses, llegando a afirmar en 1966:
    “Es evidente que la lectura intensa de esas historias, en una edad en que las reacciones
    emotivas son tan inmediatas y frecuentes, condicionó mi gusto por la aventura, lo fantástico,
    lo grotesco y lo cómico. En este sentido es posible encontrar una relación profunda entre
    mis obras y los cómics norteamericanos. De sus estilizaciones caricaturescas, de sus
    paisajes, de los personajes siluetados contra el horizonte, me han quedado imágenes
    felizmente "chocantes", imágenes que, de vez en cuando, vuelven a aflorar, y cuyo recuerdo
    inconsciente ha condicionado el elemento figurativo y las tramas de mis películas”.
    La aportación, más o menos consciente de sus sueños y de sus fantasmas personales es
    tan esencial, que no se puede dejar de considerar el conjunto de su obra como una larga
    tarea de liberación.

Hablar de sueños es como hablar de películas,
ya que el cine utiliza el lenguaje de los sueños:
años pueden pasar en segundos
y se puede saltar en un lugar a otro.
Federico Fellini.
 






 


En 1945 se produce el primer encuentro de Fellini con Roberto Rossellini, contribuyendo a la película más representativa del cine italiano de posguerra: Roma ciudad abierta. Después de colaborar en los guiones de otros films de Rossellini y de otros directores prestigiados, debuta en la dirección junto a Alberto Lattuada con Luces de variedades.

Entre las extravagancias de la leyenda personal que sus admiradores construyeron en torno a él, y que, por lo demás él mismo se encargó de fomentar, algunos episodios de su vida alimentan la materia prima de sus películas.

Habiéndose escapado del colegio, el pequeño Federico se sintió terriblemente atraído por un circo muy modesto que acababa de levantar su carpa en la pequeña ciudad. Tras haber vagado entre bastidores y asistido al espectáculo, paso buena parte de la noche con los artistas, aquellos recuerdos conforman Luces de variedad (1950).

El recuerdo de este episodio parece haber cobrado en el inconsciente de Fellini las dimensiones de una larga experiencia realmente vívida; la nostalgia de las miserables lonas y de los teatrillos de provincia recorre toda su obra.


     

 
Todo arte es autobiográfico.
Federico Fellini
 
La misma relación entre el autor y estos personajes itinerantes, llena de ironía y compasión humana, aparece de nuevo en El jeque blanco (1952), esta vez en el mundo ridículo de las fotonovelas, y una vez más, la experiencia personal de Fellini se convierte en película. Durante el rodaje de esta comedia entre satírica y burlesca con ecos del omnipresente neorrealismo de la época, Fellini conoció a Nino Rota, el músico que lo acompañaría el resto de su carrera.

Ocho y medio (1962) representa una especie de suma de mitos y realidades, de sueños y de verdades que han formado el tejido de las obras de Fellini; el artista se confiesa al mismo tiempo que el hombre, y trata de dar un sentido a su obra y a su vida. Este ejercicio de introspección total se sirve muy bien de la gran maestría, de la plenitud del arte y de la técnica conseguidas por el cineasta en esta película: es un repliegue sobre sí mismo de una profundidad y complejidad inéditas en la historia del cine.


       

 
El negocio del cine es macabro, grotesco: 
es una mezcla de partido de fútbol y de burdel.
Federico Fellini
 
Con Julieta de los espíritus (1965) Fellini aborda por primera vez el color y no consigue dominarlo. Se trata de un Ocho y medio, pero caótico, trasladando los sueños de Fellini a los de su mujer Gulietta Masina, que cree en el espiritismo.

Durante la década de los 70’s la obra fellinesca se caracteriza por los recuerdos. Vuelve a aflorar a la memoria el periodo de la infancia, y de ahí surgen:

Roma, en la que Fellini por fin logra organizar con equilibrio los engranajes de un espectáculo que no es ni una crónica, ni una meditación propiamente dicha, en este caso podemos hablar de poesía.

Con Amarcod (1973) Fellini aborda el tema de la infancia, su ciudad natal y sus problemas de adolescencia. La película es un espectáculo fascinante por su maestría y por el virtuosismo de su creador.
















   


 



























Sólo existes por lo que haces.
Federico Fellini.
 
Fellini se lanza en 1978-1979 a realizar una especie de fábula de significación sociopolítica: Ensayo de orquesta, visión simplista, temerosa, visceralmente conservadora de la realidad italiana de ese tiempo.

La sociedad está representada bajo el falso disfraz de una orquesta, cuyas armonías, en cierta manera, son “dirigidas” por un maestro. La orquesta se revela ejecutante tras ejecutante, ya no es posible armonía alguna, como si la vida de los hombres en sociedad se debiera a una partitura escrita, intangible en su esencia, y cualquier respuesta perturbadora fuera sacrílega.

En la cima de su gloria, tal vez el creador se cerró a la comprensión del siglo en el que acababan sus días. La ciudad de las mujeres (1980) le aísla aún más, en una especie de mórbido temor, no solo hacía las mujeres, sino hacía la misma sexualidad, por no decir simplemente hacía el amor.

Hay tres momentos en la filmografía de este director: Sus inicios, en franco coqueteo con la corriente neorrealista predominante en el cine italiano de los 40’s y 50’s, y en aras de encontrar un estilo propio que le definiera como creador (de El jeque blanco a Almas sin conciencia pasando por Los inútiles (1953)). La fama internacional y conquista de las taquillas de todo el mundo, premios Óscar incluidos (La strada, Las noches de Cabiria, La dolce vita, Julieta de los espíritus, El Satiricón, Casanova y Amarcord). Y la época de madurez, marcada por su distanciamiento con la crítica y por su pérdida de rentabilidad masiva de cara al mercado.
 
Un buen vino es como una buena película:
dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria;
es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas,
nace y renace en cada saboreador.
Federico Fellini
 
En 1986 Fellini filma La entrevista, en la que manifiesta sus puntos de vista en torno a este género periodístico.
“¿Por qué quieren entrevistarme siempre?, si pudiera expresarme de otra manera, ¿para qué iba a hacer cine?
Me hace preguntas que no me interesan y, por cortesía, trato de responderlas como sea.
Digo cosas estúpidas, tonterías. Cosas que no creo, me siento un cretino, tartamudeo.
No entiendo por qué nos sometemos al ritual de la entrevista”.
 
En 1990 filma su última película La voz de la luna, y muere 3 años después, el 31 de octubre de 1993, en la Roma de sus sueños y de sus películas.

 





No hay final.
No hay principio.
Es sólo la infinita pasión de la vida.

Federico Fellini.
 
 
 




 

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