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EL ULTIMO PRESO

05 Feb 15 - 21:02

       
 

El último preso, de Slawomir Mrözek
De policía a delincuente.
 
 










Por: Salvador Perches Galván
El 3 de abril de 1968 se estrenó en México El último preso, de Slawomir Mrözek, dirigida por Humberto Proaño, con escenografía de Fanny Rabell. Fue la 2ª obra del dramaturgo polaco que se estrenaba en nuestro país, luego que el año anterior Fernando Wagner lo había dado a conocer con Tango.

Mrözek se inició en la literatura con un libro de relatos: El elefante, en 1957. En sus primeras obras la realidad se deforma en busca de efectos  humorísticos. El autor descubre los elementos que, aislados de un contexto o en circunstancias especiales, pueden crear un efecto grotesco. Para ello se vale de ciertos procedimientos estilísticos; principalmente la parodia literaria. Con el tiempo se ha vuelto más profundo, inquietante, más perturbadora la búsqueda de una moral.

El último preso, también conocida como La policía, fue escrita en 1958 en tono de farsa para criticar el comportamiento restrictivo y dictatorial de las instancias encargadas de la administración de justicia, sin importar el país al que pertenecen. Este fue el propósito que impulsó a Proaño a traducirla y montarla para el 1er Centro de Experimentación Teatral (1965 – 1968), dependiente del INBA. Para ello integró su elenco los actores Farnesio de Bernal, Armando Zumaya, José de Molina, Salvador Ornelas y Lucía Balzaretti.
El 10 de diciembre de 1980 retorna El último preso a la cartelera local en el teatro Jiménez Rueda, auspiciada en esa ocasión por la Compañía Nacional de Teatro, también dependiente del INBA, esta vez dirigida por Alejandro Bichir, quien expreso al respecto de la obra: “La represión del pensamiento, si bien no significa exterminación física, si representa la manifestación más patética de la muerte. En el país donde se sitúa esta obra el pueblo goza de la más absoluta libertad… física. ¿Han perdido la capacidad de pensar?, ¿la ocultan?. Ceden el paso a una fuerza aparentemente ajena, aparentemente autónoma, todos somos responsables de las dimensiones que alcance el monstruo que hemos creado, por permitir su desarrollo, por la incapacidad de frenarlo, de oponerse, de protestar. ¿Es acaso necesario aceptar el terror para tratar de escapar a su furia?, ¿no será mejor negarle su existencia, oponiéndose con antelación?.

Nos hemos vuelto ferozmente, cruelmente, bestialmente… fieles a esta condición de animales, que parece gustarnos. El autor nos alerta con su fino y delicado humorismo para que no caigamos presa ante la triste condición de que lleguemos a enajenarnos, para que el ser humano rechace la sumisión y el conformismo.
Dice “el preso”: Desde algún tiempo ha sido obvio para cualquier persona que tenemos el mejor sistema político del mundo. Mis antiguos camaradas confesaron sus culpas, obtuvieron su perdón y regresaron a sus casas. Ahora no queda nadie en el país al que se le pueda detener. Soy el último revolucionario sobrante; ¿pero qué clase de revolucionario?, en el fondo de mi corazón me gusta coleccionar timbres postales.

Más adelante Mrörzek nos dice que solo tenemos una palabra y hay que gritarla, aunque sea enterrada en millones de palabras más, pero en un  primer momento haremos oír nuestra voz”.
En aquella ocasión Bichir conformo un elenco inmejorable: Carlos Ancira, Augusto Benedico, Miguel Córcega, José Luis Yaber, Blanca Torres y Jorge Mateos y utilizó la misma traducción de Proaño.
Y justo 30 años después, el 25 de diciembre de 2014 regresó El último preso.
 
         
 
Por Roberto Sosa.
Se encuentra recluido y con esto le da razón de ser a todo el sistema penitenciario. Después de permanecer muchos años en prisión, tiene la opción de firmar una acta de lealtad en donde se compromete a ser un buen ciudadano y con esto dejar la cárcel. Una decisión que no es bien recibida por el jefe de la policía, sin presos, perderá su empleo, cerrarán la prisión… ya no hay nada que hacer.

Para no perder su status, se debe inventar un preso, se debe fabricar un culpable para que la prisión no cierre y el “sistema” siga funcionando. El sargento de la policía, que es además un provocador profesional, es elegido para “llenar” el vacío. De policía pasa a ser delincuente, todo sea por el bien de todos y por servir al niño Rey y su tío el Regente.

El último preso o La policía, es una obra que transita por la farsa, la comedia y el absurdo; un texto que nos habla de un estado gobernado por militares, fieles a dos imágenes que representan una monarquía de caricatura; el alto mando militar debe guardar la soberanía, ningún ciudadano puede siquiera pensar mal de sus gobernantes. Pero al encerrar a uno de los suyos, se encarcelan a sí mismos, se devoran entre ellos…


    La obra tiene los elementos necesarios: buen texto, buena
    dirección, producción y buenas actuaciones. La dirección de
    Alejandro Bichir es acertada y con la experiencia de quien ya
    conoce la obra; participó en el montaje que se presentó en la
    década de los ochentas.

    La escenografía e iluminación son de Gabriel Pascal. El diseño
    de vestuario es de Estela Fagoaga, un trabajo interesante que
    realiza con los uniformes militares que visten a los personajes;
    es una comedia, pero los actores se ven con propiedad. Los
    colores y tonos están bien coordinados, los detalles bien
    cuidados; el atuendo está hecho a la talla de cada intérprete, le 
    da seriedad a lo gracioso y esto le da equilibrio al montaje.

    El último preso o La policía, se estrenó en la Navidad del 2014, y
    ahora inicia con este 2015 -hasta el 11 de enero- en el Foro
    Shakespeare.
 
 
 




El teatro es de todos. ¡Asista!
 
Absolutamente recomendable.
El último preso, dramaturgia de Slawomir Mrozek.
Dirige y actúa (alternando): Alejandro Bichir
Actuación: Odiseo y Bruno Bichir, Hasiff Fadul –alterna el personaje que interpreta Alejandro Bichir-, Reynaldo Rossano, Saandra Cobián Bichir, Baltazar Morelos, Israel Rodríguez y Luis Francisco Enríquez.
Fotos: Cortesía de la producción.
 
FOTO SHAKESPEARE
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Lunes, martes y miércoles: 20:30 horas
Jueves y viernes: 18:30 y 20:30 horas.
Sábados: 19 y 21 horas.
Domingos: 18 y 20:00 horas.


 

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