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EDIPO. NADIE ES ATEO

01 Sep 18 - 15:30




 







De: David Gaitán.
El mejor modo que he encontrado de articular lo que siento
y lo que pienso es en el teatro.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.





 
"Nadie sabe que eres el azote de tu propia sangre,
de los muertos bajo la tierra y de los vivos aquí arriba,
y el doble trallazo de la maldición de tu padre y de tu madre,
te arrojarán de este mundo."

Sófocles, Edipo Rey
 
Inmortalizada por Sófocles y popularizada por Freud a través del Psiconálisis, la historia de Edipo es, probablemente, la más famosa de las tragedias griegas.

Era hijo de Layo y Yocasta, reyes de Tebas. Cuando éstos iban a contraer matrimonio, el oráculo de Delfos les advirtió de que el hijo que tuvieran llegaría a ser el asesino de su padre y más tarde se casaría con su madre. Cuando nació su primogénito, Layo encargó que matasen al niño para que no se cumpliera el funesto futuro que les había augurado el oráculo. Esta persona se fue hasta el monte Citerón, perforó los pies del niño y le colgó de un árbol para que muriera poco a poco.

Sin embargo, pasaba por allí un pastor, Forbas, que escuchó el lamento del bebé y le salvó. Se lo entregó a Polibio y a su esposa, Peribea. Juntos le criaron y le pusieron por nombre Edipo, que significa el de los pies hinchados.

 
  
 
En su adolescencia uno de sus compañeros le reveló que no era más que un hijo adoptado y que por tanto no tenía honra, por lo que decidió ir hasta el oráculo de Delfos para que le diera respuestas. El oráculo le pronosticó lo mismo que a los reyes de Tebas, por lo que le aconsejó que no se acercase al lugar que le había visto nacer. Edipo decidió no volver a Corinto, y encaminó sus pasos a Fócida. Durante el camino se enfrentó en un cruce al pasajero de un carruaje al que dio muerte, se trataba de Layo, su padre.

El nuevo rey de Tebas, Creonte, hermano de Yocasta, ofrecía como recompensa la mano de su hermana y, por consiguiente, el trono de Tebas, a aquel que consiguiera descifrar el enigma de la esfinge y deshacerse de ella. La esfinge era un ser con cabeza y manos de mujer, voz de hombre, cuerpo de perro, cola de serpiente, alas de pájaro y garras de león.

Edipo decidió enfrentársele, ésta le pregunto: “¿Cuál es el animal que por la mañana anda sobre cuatro pies, dos al mediodía y tres por la tarde?”. Edipo, respondió que se trataba del hombre, ya que en su infancia anda sobre sus manos y pies, durante la época adulta anda sólo sobre sus piernas, pero en su vejez debía de ayudarse de un bastón como si fuera un tercer pie. La esfinge se puso furiosa de que alguien hubiese resuelto el acertijo, por lo que se suicidó.

 
     

Creonte cumplió lo prometido y le entregó a Yocasta. Edipo vivió feliz durante muchos años junto a su mujer y los hijos que había procreado con ella, Etéocles, Polinice, Antígona e Ismene. Pero la felicidad se vio truncada cuando llegó una epidemia de peste, arrasando toda la región.
 
Ante este problema acudió al oráculo de Delfos quien aseguró que sólo se acabaría cuando se descubriese al asesino de Layo y fuera expulsado de Tebas. Edipo comenzó entonces a investigar hasta que descubrió la verdad, que había sido él el asesino y se había casado con su propia madre.
Yocasta no pudo soportar la verdad y se suicidó. La noticia había afectado en gran medida a Edipo, quien consideró que no merecía ver más la luz del día y decidió sacarse los ojos con una espada. Después fue expulsado de Tebas por sus hijos, Antígona se fue con él para ayudarle y guiarle.

 
  
 
 
David Gaitán en su recorrido, reencuentro, revisitación con los clásicos presenta su versión del clásico griego, Edipo. Nadie es ateo.
 
Ahora que estamos haciendo Edipo. Nadie es ateo, se siente como una isla a la que tarde o temprano todo mundo tendríamos que llegar, no sólo porque lo traemos desde antes de darnos cuenta que lo traemos, desde lo psicoanalítico, también desde la cultura más fundacional. Luego que nos acercamos al teatro, es un punto obligado en la formación, y visitarlo ahora con la premisa de escenificarlo, y por lo tanto de desprendernos también, en lo posible, de lo academizado que está este mito, se convierte en una experiencia artística muy, muy estimulante de hacer, que rebota con el público. Ha sido un oasis para todos los que estamos en el proyecto.
 
Gaitán, siembre propositivo, siempre audaz, incluye en el título de su Edipo una frase contundente: Nadie es ateo.
 
Es algo de lo que a mí me interesa cuando me he acercado y he reescrito a los clásicos, al tiempo que buscamos contar el argumento del mito, hacemos una serie de conversaciones paralelas que es lo que termina siendo el anclaje más sólido hacia lo contemporáneo, hacia México, hacia este momento de la historia y del país, y una de las conversaciones que en Edipo. Nadie es ateo planteamos, es en torno a la fe, buscamos activar las preguntas de cómo nos relacionamos hoy en día con la fe, sobre todo las personas, como la mayoría de los que hacemos la obra, que crecimos como ateos, sin embargo sentimos que tenemos una relación significativa con nuestra vida espiritual desplazada, no necesariamente manifestada en una religión, o en el ejercicio de una religión, si, por ejemplo, en habitar la ficción, en la filosofía, en conversaciones existencialistas, en la idea de que hay más, además de esta realidad.
De ahí la aseveración de que nadie es ateo, la provocación de que nadie es ateo, que, al tiempo que yo creo que converso con mi generación, y en general con esta época de la humanidad, creo que también lo hace directamente con Edipo desde su lugar más griego más antiguo.

 
  
 
Y también es una continuidad a las disertaciones de fe que ha hecho en otras obras.
 
Si, el tema de la fe no es uno que esté visitando por primera vez. Lo he hecho en Dios o no ser, lo abordo en La velocidad del zoom del horizonte o Paraíso diseñado.
Es un tema que a mí me apasiona, sin duda me convoca porque me sigue ocupando en mi vida cotidiana en tanto sigo generando pensamiento, para mí el mejor modo que he encontrado de articular lo que siento y lo que pienso es en el teatro, por eso es que lo sigo visitando. El otro tema que con más fuerza pisamos con Edipo, Nadie es ateo, es el tema de la verdad, la verdad como fenómeno, como valor, como objeto, como concepto. Creo que en esta obra la interacción entre esas dos ideas es lo que eventualmente vamos trenzando y articulando para poner en escena el mito de Edipo.

 
     
 
El oráculo, que es tan importante en la cultura griega ya que es el o lo que vaticinaba el destino de la gente y del cual, se supone, que nadie podía escapar, lo confrontas con una cuestión de fe, ¿cómo opera en nadie es ateo?.
 
Es la conversación que, en buena medida, ponemos sobre la mesa en la obra. A mí no me interesa con el teatro que hago establecer una máxima de si es de un modo o si es de otro, sino poner conversaciones en el escenario que resulten estimulantes. Esa es una de las que ponemos aquí en Edipo: ¿qué tan irrefutable es la idea de un oráculo?, ¿cuál es el oráculo contemporáneo?, ¿cuál es la peste contemporánea?, ¿cómo nos relacionamos con lo que se nos dice que es inamovible?, ¿cuál la importancia de compartir esos preceptos, esos designios?. Justamente en la relación de Edipo con los designios es en el marco donde ocurre nuestra representación y el mito original, la problematización de eso es una de las líneas fundamentales para nosotros haciendo esta obra.

 
  
 
El diseño de escenografía e iluminación están a cargo de Alejandro Luna, quien muestra nuevamente su exquisito toque artístico al plantear un espacio que sirve como marco idóneo para narrar una historia que, aun cuando el planteamiento de Gaitán la vuelve inevitablemente contemporánea, atraviesa siglos de civilización occidental. El encuentro generacional entre Luna y Gaitán ve en Edipo: Nadie es ateo su segundo capítulo, luego de Enemigo del Pueblo, en esta puesta en escena no veremos túnicas, guirnaldas y columna.
 
No, esta vez no será no será esa versión del mito. Parte de lo que nos interesa, a mí en lo particular y al equipo que estamos haciéndolo; Alejandro Luna que hace escenografía e iluminación, Mario Martín que hace diseño de vestuario, es cómo podemos habitar Tebas, Tebas siendo un lugar, casi es una metáfora de nuestras fantasías. Cómo podemos habitar Tebas sin que el espectador en el momento de acercarse a la representación tenga una sensación museística, sino que qué decisiones tenemos que tomar para que lo que pasa sea una exacerbación del presente.
 
A pesar de toda la teoría que hay entorno a Edipo, toda la academia que hay en torno a Edipo, ¿cómo poder hacer el mejor honor a esa academia?: traicionándola un poco, y colocando esto en códigos que al espectador que hoy en día va a venir a la obra en la Ciudad de México en el 2018, le pueda resultar potente y revelador.

 
 
Todas estas tragedias griegas, todos estos mitos, fundan la cultura occidental y se mantienen vigentes.
 
Sin duda, sí, eso es, mucho de la conversación que hemos tenido haciendo la obra es, ¿en donde están estos mitos en nuestra cotidianidad hoy en día?, ¿qué tanto nos resistimos a ellos?, ¿en donde se manifiestan?, ¿qué tanto hablamos del asunto?, ¿qué tan profundo el efecto de lo siniestro se nos puede presentar?, y tratando de articular esas respuestas es que tomamos muchas decisiones del espacio, actorales, de tono, de sonido. Eso es lo que nos interesa descubrir.
 
Carolina Politi, quien ya fue Medea (Play Medea, versión y dirección de David Hevia, 2008), ahora es Yocasta, y afirma la excelente actriz que se alejara, por lo menos temporalmente de los griegos porque la dejan muy golpeada, y es entendible dada la intensidad y credibilidad que siempre imprime a sus interpretaciones. Adrián Ladrón, quien ya fue Creonte, vuelve a ser Creonte, con la misma efectividad que el anterior (Antígona, versión y dirección de David Gaitán, 2015). Raúl Briones recientemente fue Tréplev, el hijo suicida de la otrora famosa actriz de La gaviota, ahora presta su cuerpo a quien da nombre a la obra, Edipo, de forma por demás convincente. Diana Sedano da vida a un erótico y bisexual Tiresias, portador de los designios del oráculo, y Ramón Morales interpreta a un mensajero. Cinco actores, cinco talentos.

 
  
 
La apuesta es que el espectador termine con una sensación desconcertante en el pecho que pueda ser un vehículo que le resuene en fibras íntimas, porque esta obra, a diferencia de Antígona o de Enemigo del pueblo, montajes recientes que he hecho, quizá ésta está más teledirigida a la intimidad del espectador. Por supuesto hay una serie de comentarios en torno a lo social y a lo político porque es algo que tenemos todos los que hacemos la obra, y que no es que quede fuera, pero a partir de algo que le pasa al personaje de Edipo intuimos que en la identificación del espectador corren fibras sutiles de su intimidad.


 
   
 
 Las vicisitudes de Edipo, volcado a terminar con las dolencias de su pueblo, emplea toda su inteligencia y poder político en pos de entender qué está pasando y dar un castigo ejemplar al responsable, en un único acto que funciona para ver el entramado privado de quienes gobiernan y la posible incidencia en los ciudadanos, con La piedad incluida.
 
 
 
 
El teatro es de todos. ¡Asista!
 
Absolutamente recomendable.  Imprescindible.
 
Edipo. Nadie es ateo. De David Gaitán, a partir de Sófocles.
Dirección: David Gaitán.
Diseño de escenografía e iluminación: Alejandro Luna
Diseño de vestuario: Mario Marín del Río
Diseño sonoro: Rodrigo Espinoza Lozano
Diseño de Maquillaje: Amanda Schmelz
Composición en guitarra: Adrián Ladrón
Producción General: Claudio Sodi
Actuación: Carolina Politi, Raúl Briones, Diana Sedano, Adrián Ladrón de Guevara y Ramón Morales.
Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario (insurgentes Sur 3000)
Jueves y viernes 20 horas, sábados 19 horas, domingos 18 horas. Hasta el 23 de septiembre.
Admisión de $150.00 con descuento del 50% a estudiantes, maestros, UNAM, INAPAM, y jubilados del ISSSTE e IMSS con credencial vigente. Jueves de $30.00.
 
 
 

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