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DESDE LA RIBERA SALVAJE

07 Dec 18 - 12:19

De Hugo Arrevillga Serrano, a partir del libro Intoxicated By My Illness
(And Other Writings On Life And Death),
de Anatole Broyard.

Nos debatimos amorosamente con la bestia que estamos haciendo.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
 
Uno no muere por una enfermedad,
uno muere por estar vivo.
Montaigne.
 
Intoxicated by my illness, es un grupo de relatos y ensayos que el crítico literario y ensayista del New York Times, Anatole Broyard, recopilados y publicados por su esposa, a partir del diagnóstico de un cáncer sumamente agresivo, sobre su condición y cómo, en retrospectiva, podía darle un valor inconmensurable a su vida entera, Desde la ribera salvaje es una adaptación libre de esos textos. En esta ocasión Hugo Arrevillaga, el gran creador escénico, recurre a un material no teatral para crear su propia obra, obra que se intuye fuerte.
 
Afortunadamente, por fin, estamos logrando cerrar este ciclo de trabajo, de proceso, con un material muy complejo, porque nunca es fácil ahondar en nuestras pérdidas y lo que eso ha significado a lo largo de nuestras vidas. Yo empecé a hacer este proyecto como parte de una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte, lo propuse como parte de mi proyecto de beca, fue aceptado y empecé a hacer toda la dramaturgia a partir del libro de Anatole Broyard, que, por ahí de 1954, escribe con ensayos, narraciones y cuentos, todo lo que detonó el diagnóstico de un cáncer muy agresivo de próstata, y que se extendió de una manera voraz. Él, al contrario de deprimirse, de detener su vida y sólo enfocarse al tratamiento y a la visita de los médicos, etc, se da a la tarea de escribir lo que estaba viviendo y como la enfermedad lo estaba obligando a ponerse en un lugar muy particular y muy urgente. Se da cuenta de todo lo que ha dejado de hacer al paso de los años, por cualquier razón, y que ahora que tiene los días contados necesita hacer. En ese sentido estamos hablando de las palabras y del discurso, de la historia de un hombre con una ferviente necesidad por vivir lo que le queda.
 



Cuando lo leí me pareció importante, evidentemente, además de verme reflejado en muchas cosas que había visto cuando mi madre enfermó, y cuando un tío muy cercano también enfermó, con una enfermedad terminal, pude percibir aquellas palabras que yo hubiera querido decirles, que hubiera querido compartir con ellos para, probablemente, fortalecerlos en esa última etapa de sus vidas.
 
No obstante también pude ver en ese discurso de Anatole, un montón de ideas que me parece importante compartir desde el escenario, que no es cualquier lugar. Yo creo que la literatura tiene su espacio, el cine tiene su espacio, la pintura, las artes plásticas tienen su espacio, y el teatro tiene un espacio, por lo menos desde mi perspectiva, sumamente poderoso, en tanto a la comunicación que se da con el espectador, y como lo que aquí contamos puede llegar a insertarse de una forma muy precisa en la conciencia de quién presencia ese hecho escénico. Entonces me pareció importante tomar esas palabras, inocularlas en mi buen amigo, compañero y colega Enrique Arreola, que yo sabía que acababa de pasar por una serie de pérdidas, y que me pareció el mejor compañero de viaje para hacer esto. Le di la adaptación y empezamos a trabajarla, y si nos dimos cuenta que nosotros mismos habíamos dejado en gran medida de creer en la potencia de nuestra existencia, por más absurdo que parezca uno da por hecho que va a vivir mañana y pasado y los días subsecuentes y que vamos a pasar el 31 y ¿quién nos dice que tal vez no sea este el último año, o nuestro último día, incluso nuestra última hora?, no lo sabemos.

 
  
 
Interviene el estupendo histrión, de comprobado talento: Estar aquí con Hugo, confrontado, confrontados ante un texto tan, tan fuerte, alrededor de la muerte, alrededor de la enfermedad, pues me toma preso en mi espíritu y en mi alma porque son temas que de repente cuesta mucho trabajo tomar y asumir. A la gente, a todos nos gusta más divertirnos, oír palabras suaves, y no que el texto de Anatole sea denso y oscuro, al contrario es un texto extremadamente lúdico pero me da la posibilidad de confrontar junto con Hugo, de la mano de Hugo, de la mano de nuestro asistente, un tema fuerte en la vida de todo hombre, el tema de las perdidas, y siento que el encarar un reto de esa forma y de darme la posibilidad de vivirlo y asumirlo, que más sino compartirlo en un espacio como este y en tiempo como el que el teatro nos da.
 
Continúa Arrevillaga. La vida es tan frágil, y creo que el teatro siempre está ahí para recordarnos que si estamos presenciando una obra de teatro, es porque estamos vivos, y por lo tanto es una celebración. Para que una obra de teatro se lleve a cabo tenemos que estar de cuerpo presente y con vida, de otra forma no es posible que se lleve a cabo. En ese sentido el teatro siempre es esta celebración constante de la vida porque estar ahí presenciando algo nos hace héroe de ese día en particular.
Esta historia lleva entre sus líneas esta necesidad, este impulso, estas ganas de sacudirnos y decir ¿Oigan si nos damos cuenta de que vamos a pasar más tiempo muertos que vivos al final?, y que por lo tanto habría que aprovechar cada instante, que cada café que tomamos sea el mejor por más malo que sea, porque probablemente es el último, y en ese sentido darle un valor fundamental a cada acto de nuestra vida y reunirnos con las personas que amamos como si fuera esa, la última vez. En ese sentido tal vez la vida cobre una dimensión más grande y nuestra existencia se plasme con más fuerza, plasme su huella con más fuerza en la historia de los demás.

 
     
 
Anatole decía todos deberíamos querer ser Héroes por un día, como David Bowie, que justó Bowie es un ejemplo increíble de como terminó sus días y como al final publica uno de los discos más poderosos de toda su carrera, y en ese sentido Desde la ribera salvaje es esto, es una invitación, un grito de celebración de la vida, es un beso profundo, es un abrazo muy cálido, por lo menos entre nosotros que lo estamos haciendo, para poder comunicarlo así al espectador, y buscamos juntamente eso, pero hablar de la muerte suele ser complicado y conlleva y ha significado para todos los que hemos creado este espectáculo adentrarnos en cosas bien complejas de nuestra historia, y hemos pasado algunos días tristes y otros días muy alegres, y a veces nos preguntamos ¿realmente va a valer la pena?, y decimos al poco tiempo: ¡Si, claro que vale la pena!, y después: ¡No, mejor ya no!, y en fin lo que implica la vida. Nos debatimos amorosamente con la bestia que estamos haciendo.
 
El tema se presta a muchas cosas, es resbaladizo y huidizo, se puede caer en un lamentable melodrama lacrimógeno, en lo compasivo, en lo sórdido, o caer un abismo depresivo, ¿cómo evitar cualquiera de estas posibilidades?.
 
Estamos buscando evitarlo, responde el también diseñador de iluminación y vestuario. Hubo ensayos en donde de pronto ya no podíamos más y nos rompimos, nos dábamos un abrazo, llorábamos en el hombro del otro y salíamos a la vida, porque los recuerdos y la memoria de aquellas personas que, de pronto, te das cuenta que ya no están, que ya no puedes mandarle un mensaje, que ya no puedes hacerle una llamada, que vas a cruzar la puerta y ya no la vas a encontrar sentada a la mesa. De pronto esas memorias te asaltan, te brincando al cuello y te devoran y es bien complicado lidiar con eso, entonces ¿cómo evitar romperse frente a esas memorias? como bien dices, podemos caer justamente en un melodrama lacrimógeno terrible, autocompasivo, y nos hemos empeñado en que no sea así, hemos buscado fervientemente el tono. La gente que hace teatro, la gente que hace cine, sabe muy bien a lo que me refiero, dar con el tono actoral, el tono en la narración escénica, es una de las cosas más complicadas de la puesta en escena, como el actor o los actores comunican, con qué nivel de energía, con qué tipo de mirada, con qué manera de contener sus emociones es que tienen que comunicar eso para que no se vuelva algo desbordado, y hemos batallado mucho con eso, porque de pronto, con un nudo en la garganta, ¿cómo dices las cosas?, y hemos buscado, yo he buscado de la mano de Enrique esos puntos importantísimos donde la actoralidad contiene, contiene la efervescencia y se vuelve vibrante, no desbordada, para contagiar esa vibración al espectador, pero no ha sido fácil y no te puedo asegurar que lo hayamos logrado, estamos luchando todavía para que eso suceda.

 
  
 
Al final una obra que narra de frente toda esta experiencia necesita de los espectadores, lo decíamos Enrique y yo hace unos días, si no tenemos esa mirada abierta esa escucha convocante, el discurso no se cierra. Un monólogo tiene esas características, no es que alguien enloqueció y está hablando a la nada, alguien que está frente a ti te está hablando ¡a ti!, justamente con esta urgencia y con esta necesidad, con un espacio como éste que es un gran privilegio y ha sido una cosa dificilísima lidiar con las isopticas, etcétera, donde la distancia realmente está muy pronunciada, estamos hablando de prácticamente 20, 30 centímetros de distancia con el escenario, con el actor, todo se ve aquí, todo se ve, es una gran lupa, en ese sentido estamos preparándonos para que la mirada, tal vez sí es evasiva, tal vez si está cansada, tal vez sí está destrozada frente a él, no sea una energía que el tomé y sublime y convierta y la llevé al ritmo de la puesta en escena. Al final siempre están estos riesgos, insisto, no te puedo asegurar que lo hayamos logrado, el público que venga a verla tendrá la última palabra, pero les juro que estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para que este discurso realmente comunique, y se comunique con el mundo interior y los fantasmas de cada uno de los espectadores.
 
Al respecto, opina Arreola: La invitación de Hugo Arrevillaga ante un proyecto de esta dimensión para mí ha sido de los retos más fundamentales de mi trabajo, de mi carrera. Yo nunca en la vida había hecho un monologo, nunca en mi vida me había planteado el reto de estar solo en el escenario. El teatro es el lugar donde el equipo trabaja por excelencia, es el sitio de los mejores equipos de trabajo.
 
Desde la ribera salvaje confronta a la muerte, pero como un canto a la vida.
 
Exacto, aprueba Arrevillaga, totalmente. Uno habla de la muerte porque busca, a partir de eso, revalorar la vida, no se puede hablar de la vida sin hablar de la muerte, una cosa lleva a la otra, para mí es eso, esta obra habla sobre la vida, esa ribera salvaje desde donde se narra la historia, es ese lugar desde donde, digamos un fantasma, sea el del príncipe Hamlet, sea Anatole Broyard, sea Enrique Arreola, o sea yo, sea quien sea que ya atravesó esa línea, de pronto desde aquel lado nos dice: Más vale que consideremos que tenemos los días contados, y eso no es motivo de tristeza ni depresión, sino de un festejo permanente, hoy que estamos aquí, tenemos que disfrutar lo que tenemos y buscar ir más allá, todo el tiempo ir más allá.

 
  
 
El esplendido Enrique Arreola, a quien acabamos de ver como hipocondríaco (En la película de Kenya Márquez Asfixia) ahora es un enfermo terminal.
 
Así es la vida. Mira es muy curioso porque uno va atravesando muchas etapas en la vida, en el trabajo, el año que entra estoy por cumplir 50 años, este año cumplí 25 de dedicarme a la actuación, y uno va consolidando muchos proyectos personales, internos, de la vida y creo que definitivamente la vida cambia a partir de esta nueva etapa de la vida.
 
Dicen que los 40 son la vejez de la juventud y los 50 son la juventud de la vejez, y poder entrar a una nueva etapa de mi vida con una posibilidad artística, temática, un reto actoral de esta dimensión, cambia las formas en que yo he asumido mi trabajo y mi relación con los directores, mi relación conmigo mismo, creo que se llama ir llegando a la madurez. Y eso es un regalo de la vida que, además, no hay que temer a este discurso en el que nos movemos todos y es normal, y es humano: la sensación de envejecer. ¡Ya te ves viejo!, ¡ya diste el viejazo!, okay, pasamos a otra etapa de esta vida, y luego pasamos a otra, y a otra, y este tema nos plantea una aventura muy clara, que es ¿cómo vivimos una enfermedad terminal?, ¿cómo vivimos una enfermedad ante un padre, ante una madre?, y creo que eso es como lo más entusiasmante de un trabajo así, por eso, insisto, no es un trabajo ni oscuro, ni sórdido, no al contrario es un texto lúdico que adaptó maravillosamente Hugo Arrevillaga y que nos muestra un lado muy sensible y a la vez pirotécnico de cómo alguien atraviesa un momento de su vida.
 
¿Cómo encuentran los creadores materiales óptimos para narrar lo que quieren o necesitan, los impulsa a crear o recrear. Cómo encuentran a los autores, a los textos, o como estos autores o textos los encuentran a ustedes,
 
No necesariamente es así, pero así me gusta imaginarlo: vivimos en un bosque denso aquellos que creamos, que hacemos arte, y de pronto, de entre la maleza y de este lugar de densidad, salvaje, vegetal, a veces brotan historias, historias que se convierten en seres, en pequeñas bestias que andan por ahí rondando, y que buscan a aquellas personas que tienen que darles forma y vida en el mundo visible, esas bestias invisibles de pronto nos asaltan, es como cuando un buen día uno voltea y ve al lado de su cama un libro que lleva ahí tal vez mucho tiempo pero ese día en particular ese título, como Raymond Carver con su libro De qué hablamos cuando hablamos del amor, volteas, lo ves y dices hoy me hace falta, hoy Carver me está hablando, hoy Carver quiere que lo lea, hoy Carver tiene algo que decirme, y lo empiezas a leer, y le da sentido a esos días en particular.

 
  
 
Yo creo que de alguna manera el arte, las obras, tal vez en este momento es esta obra, tal vez después sea una película, tal vez después sea una obra plástica o una coreografía, no sabemos, cada bestia necesita de un cuerpo distinto, entonces me gusta pensar que las historias están por ahí ya, existiendo en algún lugar y algún tiempo determinado, y de pronto llegan y se inoculan en nosotros, y no nos dejan hasta que somos capaces de extraer desde nuestro mundo invisible algo que le dé cuerpo a eso que estuvo rondando nuestros días.
 
En este caso yo de alguna manera también creo, me parece importante y lo he pensado con la creación de este espectáculo, que llevo mucho tiempo hablando sobre la pérdida mucho, mucho, y tal vez sea hora de ir desprendiéndome de ese discurso, que si bien está ahí siempre alrededor de mi existencia como una especie de brújula que me hace entender mi vida y mis relaciones con las personas que amo y con las personas que trabajó, también creo que es necesario de pronto empezar a buscar ya, hablar de otras cosas a partir de otra perspectiva ver el mundo y de alguna forma para mí es una especie casi de despedida de este discurso.
 
Desde la ribera salvaje es una producción de Malva y Foro Bellescene, lugar en el que el afamado director y su compañía están haciendo una residencia artística.
 
El Bellescene es una iniciativa privada, que eso me parece de verdad increíble, por parte de Miguel Calderón, un joven actor que me parece que viene de Reynosa, y que llega a la Ciudad de México, como mucha gente, buscando desarrollar su talento etc., y de pronto siente la necesidad de abrir un espacio donde poder compartir las artes escénicas con la gente, por lo menos, en principio, en esta zona de la ciudad, la Colonia Narvarte, y empieza a hacer alianza con otros creadores, con personas como Arturo Nava, el maestro Nava, con Miguel Moreno, propuso un diseño de cómo adaptar el espacio, que es una zona de un edificio de departamentos, en dos foros, 1 para 74 personas y otro para 54, que es este, el Foro 360º, y además una cafetería, suena increíble que todo eso quepa en un lugar tan pequeño, pero cabe.

 
 
Para nosotros que fuimos invitados hace unos meses a colaborar con ellos para poder crear obras in situ, que es algo que todo director sueña, tener no solo un salón de ensayos, sino un teatro para que puedas crear una obra, pues es un privilegio enorme, entonces cuando Miguel nos hizo esta invitación a mí y a mi compañía que se llama Malva, que somos Miguel Moreno, Frida Chacón, Auda Caraza, Athena Chávez y algunos actores que vamos convocando por proyecto, nos sentimos muy felices y trajimos todo el catálogo de obras que teníamos rezagadas durante un año que había sido muy árido, muy, muy complicado porque no quedamos en ciertas convocatorias etc., y de pronto te dicen: Ven y hazlo aquí, te voy a dar, tal vez no muchos recursos, pero te puedo dar esto, este espacio y mi apoyo, moral por lo menos, y te entiendo con respeto; eso es algo que me parece importante mencionar de Miguel, ha respetado los procesos de creación, esta obra se iba a estrenar hace 4, 5 semanas y platicando con Miguel le decíamos: La creación es una bestia indomable, no sabemos cuándo va a poder salir al escenario, y pensamos que nos iba a decir: No pues váyanse de aquí, denme mi dinero. Y no, fue muy comprensivo y nos dijo: Si yo decidí colaborar y producir con ustedes, estoy con ustedes y confío plenamente en ustedes.
 
Y eso, te lo tengo que decir, yo no la había escuchado desde hace muchos años, por allá en algún momento lo escuché de una mujer que quiero, admiro y extraño, Nina Serratos, en la Secretaría de Cultura, que nos abrió las puertas para hacer una tetralogía extraordinaria, que, hoy por hoy, nos ha marcado a muchos, a los que la creamos, y a los espectadores que la vieron que fue la tetralogía La sangre de las promesas, integrada por: Incendios, Bosques, Cielos y Litoral, ella vio los proyectos, le conté las historias y dijo: Vayan háganlo les doy los recursos y les doy un espacio, adelante. Y así se levantaron esos proyectos, entonces el Bellescene es eso, es una iniciativa privada, con un hombre con un corazón extraordinario, con gran sensibilidad por el arte, que entiende muy bien los procesos creativos y que quiere que la gente de la ciudad y del país conozca este espacio, que lo llene, que sepa que aquí se cuentan historias con un perfil contemporáneo y con un discurso complejo, sensible y profundo.
 
Las obras que forman parte de la residencia son: Sedientos que ya terminó temporada; después es probable que venga Clausura del amor en un formato más pequeño, más acotado. A esta distancia escuchar ese texto, esa potencia de Arcelia Ramírez y Antón Araiza, debe ser una bomba, y la experiencia de tenerlos a tan corta distancia yo espero que sea algo que al público le guste. Más adelante estamos buscando hacer una coproducción de un monólogo de Wajdi Mouawad con la extraordinaria actriz Concepción Márquez, que la extraño mucho, que es una gran actriz y tenemos ese proyecto pendiente y se llama La centinela. Estamos buscando la manera de que también venga La escafandrista, todavía no es un hecho, pero Legom Legom, por ejemplo, es un proyecto que nació también en coproducción con el Foro Bellescene y que el próximo año va a estar en fin de semana en el teatro grande.

 
     
 
Y, por supuesto, Desde la ribera salvaje, una obra a una sola voz, la del extraordinario actor Enrique Arreola, una obra que habla sobre el valor de la vida y cómo debemos darle un sentido formidable, extraordinario a cada acto cotidiano por más pequeño que sea. El Foro Bellescene, es un foro bellísimo que la pura experiencia de venir a conocerlo es muy gratificante ojalá puedan venir.
 
 
 
 
 
 
El teatro es de todos. ¡Asista!
 
Absolutamente recomendable.
Desde la ribera salvaje
De Hugo Arrevillga Serrano, a partir del libro Intoxicated By My Illness (And Other Writings On Life And Death), de Anatole Broyard.
Dirección: Hugo Arrevillga
Con: Enrique Arreola.
Diseño de escenografía e iluminación: Miguel Moreno Mati.
Diseño de vestuario y musicalización: Hugo Arrevillaga.
Producción ejecutiva: Frida Chacón.
Diseño de cartel: Gissela Sauñe.
Foro Bellescene, Zempoala 90, entre La morena y Universidad. Col. Narvarte.
Viernes 20:30 y sábados 19:00 hrs., hasta el 8 de diciembre.

 

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